Opinión

LA PRIMERA RENUNCIA

Al alcalde de Vigo no le va a quedar otra posibilidad que transigir con las exigencias expresadas por el BNG si quiere seguir conservando la Alcaldía, y buena prueba de ello es su forzado cambio en el rotulado de las obras públicas como paso previo a la negociación de unos Presupuestos municipales que ya toca someter al dictamen corporativo y que corren serio peligro de ser rechazados si Caballero no se aviene a aceptar las condiciones precisas que los nacionalistas proclaman. Caballero, desobedeciendo con reiteración las disposiciones aprobadas en sesión plenaria, insistió en mantener la denominación Alcaldía que había sobrevivido a una imposición de la legislatura anterior y que él mismo propició para distinguir su territorio del de sus socios de gobierno. Si bien el resto de las fuerzas políticas le instaron posteriormente a rescatar la perdida marca 'Concello de Vigo', el alcalde se desentendió del mandato hasta ahora. Las circunstancias le han obligado a rendirse porque en ello le va su continuidad.


Abel Caballero no había entendido a estas alturas la situación real en la que gobierna y su condición de partido en minoría. Pero aquellos que le acompañan en la Corporación se están encargado de recordárselo y de un modo muy especial se lo ha recordado el BNG que le impone condiciones para seguir manteniéndole. Y es que, paradójicamente y a pesar de haber perdido representación, cuenta ahora con un peso específico mayor que cuando compartía el bipartito con el partido socialista. Por ello, esta incorporación paulatina de la rescatada denominación al paisaje urbano de la ciudad hay que tomarla como lo que es. Una primera renuncia que permita al alcalde seguir siendo alcalde. A este sacrificio de partida habrán de seguir algunos más porque el fin que se persigue así lo exige.

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