Opinión

LOS PRESUPUESTOS DE LA XUNTA: INOPERANCIA O ARTIFICIO

Los Presupuestos son el documento más importante que las instituciones públicas elaboran cada año para su funcionamiento, sin el cual tendrían que cerrar la puerta. En ellos se incluye hasta el último céntimo que gasta -y a qué van destinados- y se recauda, del 1 de enero al 31 de diciembre, por ello es difícil de entender que se produzca, como se produce sistemáticamente, la inejecución de aquello que se plantea y se dota de la partida presupuesta para llevarlo a cabo. Esta práctia no hace más que desvirtuar los proyectos presupuestarios, desacreditarlos y, al final, convertirlos en un mero instrumento de propaganda política. Exige una explicación que la Xunta haya dejado sin ejecutar 842 millones de euros del presupuesto de 2011, según los datos que maneja la portavoz de Economía del PsdeG, María José Caride y que nadie del Ejecutivo ha desmentido. Tanto más grave es el dato en cuanto que algunas de las partidas que se han escapado sin cumplimentar pertenecen a promoción de empleo (160 millones) o desarrollo empresarial (114), dos de las piedras angulares sobre las que debería pivotar la política autonómica en la lucha contra la crisis y el paro.


Algo falla, pues, en la gestión de las cuentas públicas. Esos 842 millones que se han escapado delatan, por un lado, inoperancia de los gestores públicos de turno y, por otra, una ingeniería presupuestaria destinada a inflar artificialmente los presupuestos sin la menor intención de cumplirlos, a base de incluir obras o iniciativas que de antemano se sabe sólo están destinadas a aparecer en el papel; partidas ficticias que en algunos casos van pasando de año en año de unos presupuestos a otros sin que sean realidad.


El problema tiene todavía otra vertiente no menos importante, porque estos juegos malabares con los números y las inversiones inejecutadas perjudican siempre a la Galicia sur, en idéntica medida en que benefician al norte, básicamente A Coruña. También aquí hay dónde establecer comparaciones: la Xunta acaba de aprobar la inversión de forma extrapresupuestaria para la construcción de una rotonda, cuyo coste ascenderá a 10,2 millones de euros, en el polígono de Sabón, en el concello coruñés de Arteixo. En cambio, el polígono de San Cibrao das Viñas, aguarda desde hace años un enlace directo imprescindible con la A-52, cuyo coste apenas rebasaría la mitad de la partida que se llevará la ya famosa y millonaria rotonda. Cumple señalar aquí que la de San Cibrao es una de las áreas industriales más importantes de Galicia que triplica a la de Sabón en número de empresas (más de 300, frente a un centenar) y casi la duplica en trabajadores (más de 8.000 frente a 4.500). Vuelve a funcionar la presión del lobby coruñés para lograr una inversión extrapresupuestaria (tal vez convenga repetirlo, ¡10,2 millones para una rotonda¡) mientras el sur de Galicia no logra que la Xunta de Feijóo, el presidente que prometió ser el impulsor del reequilibrio territorial, cumpla siquiera con lo que establece en la ley, la Ley de Presupuestos.


Las comparaciones suelen resultar odiosas, pero la discriminación y la afrenta lo es mucho más.

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