Opinión

PERSECUCIÓN INCESANTE

Hace mucho tiempo que el socialismo vigués es víctima de turbulencias promovidas por las diferencias existentes entre una parte muy importante de su militancia y un grupo dirigente que ha tratado de acaparar el control del partido. La situación planteada por esos desacuerdos cada vez más intensos entre una minoría capaz de imponer unos criterios propios y cuestionables y un sector amplio y activo en el que se concentran veteranos descontentos por una gestión claramente personalista y una joven guardia que aspira a imponer una necesaria renovación acorde con los tiempos, define un partido atormentado y en litigio al que la paz se le niega desde hace mucho tiempo.


El caso en el que esta permanente imposición de criterios que guía la mano de Abel Caballero y su grupo gobernante se advierte con mayor intensidad es el que ha planteado una de las voces más inspiradas y representativas de ese sector crítico. Carlos Príncipe participó esta semana en un acto de presentación del Área Metropolitana y lo hizo, junto al conselleiro Alfonso Rueda en su calidad de ex alcalde de la ciudad, actitud para la que está perfectamente autorizado. Esa sola presencia de rango institucional y carácter estrictamente legítimo, ha redoblado una feroz campaña de desprestigio contra el veterano militante que no se detendrá probablemente hasta denigrarle y echarle del partido salvo que los responsables del mismo y sus mecanismos de control decidan intervenir de una vez y desmontar la dictadura solapada que Caballero y los suyos están imponiendo.


Sin embargo, y a la vista de situaciones que no se modifican, es lícito dudar de esta intervención a favor de los perseguidos. Carmela Silva, protegida del alcalde, no cumple las normas del partido y sigue percibiendo dos sueldos públicos sin que nadie lo impida.

Te puede interesar