Opinión

LA PEPA, DOS SIGLOS

El más avanzado texto constitucional de su tiempo y uno de los documentos sociales y políticos más trascendentales de la Historia de Europa ha cumplido dos siglos de vigorosa contribución a los más hermosos principios que honran la condición humana. Redactada en condiciones sumamente hostiles por medio centenar escaso de admirables españoles de toda cuna comprometidos con la causa de la libertad y la conciencia, la Constitución de 1812 encierra un texto prodigioso para su época que señala el inicio de una nueva era en la que los hombres dejan de ser súbditos para convertirse en ciudadanos y cuyo principio de separación de poderes es la base cierta en la que se apoyan las reglas que construyen el Estado moderno. Fue nuestra primera Constitución, se escribió en una ciudad cercada y bombardeada por la artillería del invasor y en la que, para colmo de males, se declaró una epidemia que acabó diezmando las filas de aquellos honrados representantes de la soberanía popular que se dieron cita en Cádiz para poner en letras de molde sus más dignos y queridos anhelos.


Desgraciadamente, la vigencia de la Constitución doceañista fue efímera y duró lo que el malvado Fernando VII quiso que durara. Sus valerosos redactores y el honesto pueblo que la respaldó fueron perseguidos, fusilados y ahorcados por el monarca absolutista a quién una nueva invasión de franceses ?los llamados Cien Mil Hijos de San Luis que entraron en Madrid a sangre y fuego en 1823- garantizó el trono a costa de las vidas y las haciendas de españoles honestos, iniciando un periodo de dolor y sombras que se llamó La Década Ominosa hasta la muerte del felón. Pero esta utópica y hermosa Carta Magna no cayó en saco roto y doscientos años después reconocemos su extraordinaria contribución y nos unimos a todos los que la recuerdan con devoción y respeto. Viva la Pepa.

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