Opinión

PEINADOR, CAMBIO DE PLANES

El desajuste en los cálculos establecidos por la anterior Administración sobre el desarrollo del aeropuerto de Peinador ha sido acertadamente analizado por la Confederación de Empresarios de la provincia y puesto en clave de debate durante la reunión mantenida por la cúpula de la patronal y los máximos representantes de la Diputación, de cuyo diálogo ha trascendido un acuerdo de principios que no puede ser rebatido. El encuentro invita a un necesario replanteamiento sobre los destinos de una inversión que estaba preparada para sufragar un gigantesco aparcamiento con capacidad para cuatro millones de usuarios y que, a estas alturas y tras el descenso a plomo padecido por el aeródromo vigués, no tiene el más mínimo sentido. Gastar una fortuna que puede emplearse con mayor aprovechamiento en otras actuaciones para construir un parking destinado a 4 millones de viajeros cuando el Peinador actual apenas llega al millón, constituye un grave error. Si ese error puede subsanarse, lógico es que se haga cuanto antes para evitar gastar en vano y contribuir a plantar otra de las muchas construcciones inútiles que pueblan el catálogo reciente de obras públicas nacionales.


En este necesario replanteamiento queda sin embargo por decidir el auténtico nudo gordiano de la nueva planificación. Es decir, cómo reordenar el aeropuerto vigués y a qué misiones destinarlo para que recupere su nivel de rentabilidad y preste el servicio que debe prestar y no está prestando. Por eso, los representantes de la CEP abogan por destinar aquellas cantidades consignadas a las obras del aparcamiento al desarrollo de otras estrategias que faciliten ese cambio de funciones a las que Peinador puede aspirar si se aplica pragmatismo y eficiencia. Con ellas puede cambiar su rumbo y hacerlo positivamente.


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