Opinión

EL NAUFRAGIO DE LA ETEA

Las antiguas instalaciones de la Escuela de Transmisiones de la Armada ?un centro de formación modélico del que han salido técnicos excelentemente considerados y con la más alta cualificación profesional y castrense- constituye uno de los rincones más vergonzosos del urbanismo de una ciudad cuyos argumentos en materia urbanística pueden contarse con los dedos. Por desgracia, el escandaloso caso de sucedida anteriormente.


Se cumplen diez años desde que estas instalaciones que en su día fueron ejemplares se desvincularan de su empleo como centro de instrucción, y ese largo periodo de tiempo no ha logrado otra cosa que convertir en una ruina desde los pabellones o las aulas a un espléndido campo de fútbol o, en general, a un conjunto de instalaciones de primer nivel que han sucumbido a la más culpable desidia. Sepultados por el tiempo inexorable están, la que fue mejor piscina cubierta de la ciudad y un polideportivo multifuncional de élite entre otros muchos tesoros.


Un año después de que el Concello de Vigo asumiera la responsabilidad de su recuperación, todo permanece oculto y nadie en el entorno municipal pronuncia una palabra en torno a la ETEA porque sabe hasta qué punto es inconveniente hacerlo. La triste realidad es que aquella parte del rescate que le correspondía asumir al Ayuntamiento permanece en una situación muy similar a la que ha estado padeciendo antes de la incomprensible componenda urdida entre Zona Franca y el propio Concello para financiar una recuperación que otorgara a los restos de la ETEA una salida digna. Por lo tanto, mentar ETEA da vergüenza porque recuerda al Gobierno municipal promesas incumplidas, y ridículas actuaciones en el fragor de las campañas. Pero la ruina está. Produce indignación y sonrojo pero ahí permanece.


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