Opinión

MENSAJE CONFIDENCIAL

Cuesta creer, por muy primerizo que sea el presidente, que las palabras pronunciadas el pasado martes en Bruselas se deban a una indiscreción propia de incautos. Rajoy, es cierto, estrena cargo como jefe del Ejecutivo español, lo hace en momentos muy difíciles, y es consciente de que las miradas de Europa están posadas en él. De sus decisiones y de las reformas que se ha comprometido a acometer para intentar rescatar al país, están pendientes todos los socios de la Unión Europea. Y de la actitud que esos observadores perciban en el comportamiento español depende en gran medida la situación española en el concierto continental y la recuperación de de una confianza que nos hace mucha falta y que actitudes anteriores habían ido borrando hasta que se ha diluido por completo.


Por ello, esa conversación de orden aparentemente confidencial en la que el presidente español reconoce ante el primer ministro finlandés que la reforma laboral pendiente puede costar una huelga general suena más a estrategia que a descuido, porque Rajoy es un político veterano al que es difícil sacar de quicio y porque su temperamento no le invita a perder los nervios fácilmente. La sentencia que ha recorrido las primeras páginas de todos los diarios está pronunciada en español, y con la claridad y la nitidez suficiente para constituirse en un aviso a navegantes de la propia nación usando la Unión Europea como testigo de la advertencia.


En todo caso, respondan las palabras de Rajoy a un plan preconcebido o sean fruto de un desliz de novato, su contenido es el mismo, y deja margen para muy pocas dudas como ya advirtió el propio presidente aprovechando una visita a Portugal y sugiriendo que su plan se asemeja mucho al modelo aplicado por los portugueses. Lo que se avecina es durísimo y hay que estar listo para todo.

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