Opinión

MALOS TIEMPOS

Las perspectivas con las que para Vigo se inicia este año 2012 no tienen el menor aspecto de resultar cuando menos halagüeñas. La ciudad se enfrenta a un escenario en el que quizá por primera vez desde hace tiempo no hay seguridad ni constancia de que las obras de infraestructura más perentorias para ayudar a su desarrollo estén aseguradas o tengan prevista fecha clara y precisa que invite a calcular su puesta en funcionamiento, una situación que se percibe con singular claridad en el retraso de las obras del AVE pero cuyo carácter dudoso se advierte también en otros muchos frentes del desenvolvimiento ciudadano cuyo estado preocupa notoriamente tanto a las instituciones viguesas como a la propia ciudadanía. Retrasada la presencia del AVE, con un aeropuerto de Peinador en completo retroceso y un Puerto al que ni el Estado ni la Unión han consentido incluir en el plan de trasporte litoral por considerarlo de inferior categoría, la capacidad de crecimiento de Vigo y su zona se reduce de un modo significativo componiendo un ámbito alarmante que se incrementa con otras ausencias paralelas de menor proyección pero igualmente negativas para sus intereses.


A este cuadro de carencias alarmante hay que añadir en estos primeros compases del años el desgaste institucional cuya influencia no puede dejar de calcularse. El Ayuntamiento afronta el comienzo de este periodo sin Presupuestos y trágicamente endeudado, mientras la marcha de Lucía Molares a Madrid deja vacante el puesto de Delegada de la Xunta en la ciudad. Si a ello añadimos que se dilata sin justificación aparente el nombramiento de un subdelegado del Gobierno para la provincia en la que Vigo representa más del 70 % de lo asuntos cotidianos obtendremos un panorama que produce vértigo.

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