Opinión

EL HOMBRE BUENO Y GENEROSO

El fallecimiento de un personaje del perfil y el talante de Xaime Isla Couto es en verdad una pérdida para la cultura de Galicia porque con él se va también el último representante de una corriente de pensamiento sumamente valiosa y excepcionalmente comprometida en la que se depositaron los más nobles valores de un galleguismo militante y muy activo construido sobre las bases más nobles y en torno a principios inquebrantables de ética y dignidad. Esta propuesta hizo del movimiento del que Isla formó parte imprescindible, una auténtica y modélica creación inspirada tanto en las tradiciones como en la esperanza de futuro. Xaime Isla fue, como todos los de su generación, un hombre bueno y generoso que puso lo mejor de si mismo en el proyecto de una Galicia plural, y sus frutos han alimentado generaciones posteriores de galleguismo ilustrado y sereno que hoy le rinden tributo y homenaje.


Isla Couto y todos los que le acompañaron en tan singular proyecto, imaginaron una Galicia propia, acogedora y abierta, cimentada sobre la base de una cultura profunda y un acendrado humanismo. Espléndido y sereno en sus planteamientos, Isla propuso esa Galicia soñada, con peso específico y carácter, en la España de los difíciles momentos próximos a su devastadora tragedia, y mantuvo esa lealtad inmaculada durante toda su vida, aplicándola en cada una de las múltiples actividades que se dieron cita en una existencia rica y fecunda. Fue parte crucial de Galaxia y la Fundación Penzol, y a su hondo sentimiento cristiano se debe el hecho de convertirse en adalid de un movimiento de adecuación de la liturgia al idioma gallego, una de las contribuciones más solemnes y plenas de las muchas que acrecientan su dimensión y salvaguardan su memoria. Por tanto, esta ausencia es en verdad dolorosa, aunque su legado permanezca por fortuna eterno.


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