Opinión

LA GRAVEDAD DE UN CAPRICHO

Un capricho personal e inadmisible es el único argumento en el que se ampara el alcalde para negarle a la obra más necesaria de todas las que tiene en cartera la comarca de Vigo aquellos servicios que son imprescindibles para su funcionamiento. Se trata, nada menos, que del nuevo hospital que la Xunta de Galicia ha asumido como uno de sus retos principales en la legislatura y que se desarrolla por el camino previsto aplicando para ello las responsabilidades que el propio Gobierno de Galicia asumió en la obra y aquellos otros acuerdos firmados con el resto de las instituciones que en su momento se sumaron al proyecto aceptando una parte de su contenido. El Ayuntamiento de Vigo se comprometió a correr con determinados gastos derivados de servicios básicos, y el convenio se estableció a partir de ese criterio. Caballero argumenta ahora que este es un convenio que él no firmó y que por tanto, no va con él. En definitiva, y mientras dilapida lo que tiene y lo que no tiene en una ridícula apuesta por inflar el mobiliario urbano, se ha negado unilateralmente a asumir su parte en una actuación que es imprescindible para la ciudad que gobierna y su extensa comarca.


Con esta decisión personal Caballero niega por tanto al nuevo hospital la dotación de servicios básicos y convierte su rabieta de criatura malcriada en un desprecio inadmisible a las necesidades de sus conciudadanos. Por desgracia, este alarde de irresponsabilidad manifiesta trufada de indigna interpretación de la tarea política no se resuelve de forma anecdótica, sino que tiene un enorme coste y atenta contra las apetencias de los vigueses, si bien en una delirante actitud únicamente sujeta a propios designios, a Caballero ya no le importe demoler lo que le estorbe, traicionar cualquier principio o interpretar las leyes a su antojo.


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