Opinión

ESFUERZO EQUITATIVO

En una España convulsa y necesitada de sosiego, el primer elemento que puede introducir ciertas dosis de serenidad en un escenario que se agita con noticias más hostiles cada mañana es la percepción de que el esfuerzo que sus gobernantes solicitan se ha repartido de manera más equitativa y aquellos que más tienen son también los que más contribuyen. Estamos asistiendo a jornadas difíciles y muy intensas que nos han ofrecido imágenes tan inusitadas como aquella que nos ofrece al Rey pidiendo públicamente perdón tras el debate surgido en el seno de una castigada sociedad española por su asistencia a una partida de caza mayor a la que acudió invitado y en la que se rompió la cadera.


Este ejercicio de obligada humildad que ha asumido el soberano para aquietar críticas que brotan en varios sectores de la opinión pública, es producto indudable de un clima de profundo descontento originado en una ciudadanía cada vez más castigada por medidas de ahorro y recortes de toda condición que han rebajado de modo dramático la calidad de vida de los españoles y que se han manifestado mucho más duros y constantes entre las clases más populares del espectro social. El español modesto ha asumido de forma ejemplar los sacrificios, se habitúa a vivir con mucho menos de lo que vivía, pero comienza a exigir que este catálogo de tijeretazos afecte de igual modo a los sectores más poderosos, que apenas se han visto afectados. Por eso brama cuando el Rey se va de cacería, conoce los sueldos de los políticos, y se pregunta por qué no se ajustan los salarios de la banca, los de los presidentes de los consejos de administración y los privilegios de altos cargos. Hoy hemos sabido que se han reducido las pensiones a los ex presidentes pero no parece suficiente. Toca apretarse, pero ha de tocarnos a todos


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