Opinión

DERECHOS Y DEBERES

Un síntoma inequívoco de madurez es, en todas las sociedades, la asunción sin de los derechos y responsabilidades que afectan a cada ciudadano. Cada habitante de un país democráticamente bien estructurado ha de saber qué prerrogativas le permite disfrutar su condición, y cuáles son también las obligaciones a las que está sujeto. Desgraciadamente ambos conceptos ?que en un orden lógico del reparto deberían discurrir juntos- no suelen coincidir, y con excesiva frecuencia el nivel de las exigencias es muy superior al cumplimiento de un necesario catálogo de reglas específicas y absolutamente necesarias para consolidar el equilibrio de la mutua convivencia.


La tragedia que se vive en A Coruña es un desgraciado ejemplo de ese descontrol originado en ciertos sectores sociales que con frecuencia confunden la tolerancia con el desorden y suponen que sus apetencias han de ser comúnmente aceptadas sin ofrecer nada a cambio. Lo que se inició como un típico episodio de ocio juvenil en el que, tras una noche de fiesta, un grupo de estudiantes con beca Erasmus decidieron acabar la juerga dándose un baño en la playa de Orzán, ha terminado en una pesadilla propiciada por la irresponsable actitud de algunos de ellos que, tratando de coronar la francachela y probablemente pasados de alcohol, decidieron darse un baño en una noche cuyas condiciones climatológicas no eran las más idóneas y en un lugar en el que siempre se ha recomendado prudencia.


Tres jóvenes policías nacionales acudieron a socorrer a los bañistas en un acto supremo de abnegación, valor y generosidad que les ha costado la vida. El cadáver de uno de ellos ha sido recuperado y los otros dos y uno de los estudiantes permanecen desparecidos. El sacrificio de estos valerosos policías debe servir para algo más que para llorar su pérdida.

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