Opinión

DECISIONES POLÍTICAS

Muy pocos albergan a estas alturas dudas sobre el sentido que el alcalde de Vigo desea imponer a su estrategia política con el único objetivo de afianzarse en su territorio e impedir que alguien se cuele en él sin permiso sea de un partido político rival o sea incluso del suyo propio. La situación le ha reducido a su papel de alcalde de una gran ciudad sin proyección alguna fuera de esas fronteras, pero con la posibilidad de afianzarse en este entorno aplicando un determinado catálogo de normas confeccionado por él mismo que pueden no ser de gran utilidad para el territorio urbano que administra, pero que, sin duda, le resultan favorables a sus intereses particulares. Caballero ha decidido actuar en su propio nombre y tomar las decisiones a las que pueda obtener rendimiento, aunque resulten nefastas para Vigo y los vigueses que, a la vista del panorama que él mismo está trazando, cada vez le importan menos.


La última intención del alcalde de Vigo es recurrir todos los acuerdos que afectan a sus antecesores en el cargo, aunque esos acuerdos resulten imprescindibles para el progreso y la modernización de nuestra urbe. Poco importa por tanto que muchos de ellos afecten directamente a la construcción del nuevo hospital o al desarrollo futuro de la Ciudad de la Justicia. El alcalde se propone no atenderlos o dilatar su ejecución el máximo tiempo posible, simplemente para ganar tiempo y tratar de perpetuar una situación que lesiona abiertamente los intereses de sus administrados y que él adopta para salvaguardar simplemente los suyos. Tras esas determinaciones se esconden por tanto intereses de corte estrictamente político que no deberían entorpecer la progresión de unas tareas que la ciudad necesita. Desgraciadamente acabará perdiendo, pero ello nos ha de costar muy caro.

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