Opinión

Con mal pie

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Con mal pie

Los aficionados a las anécdotas han utilizado el percance sufrido por la portavoz socialista en el Congreso, Adriana Lastra,  para reflejar en él los síntomas que amenazan por convertir en un caos esta XIV legislatura. La abundancia de imágenes y la  nitidez de todas ellas nos permiten acercarnos a los hechos acaecidos en cualquier parte del planeta y convertirnos en testigos de todos ellos con la fiabilidad y la exactitud que nos proporcionan las nuevas tecnologías. Por eso, todos hemos sabido de la torcedura del tobillo y consiguiente esguince de aquella en la que ha depositado Pedro Sánchez la responsabilidad de establecer las negociaciones pertinentes que le permitan convertirse en presidente del Gobierno, Adriana Lastra salió del Hemiciclo en una silla de ruedas conducida por un diligente ujier. Y todos los vimos.
Estas situaciones un tanto infrecuentes que las cámaras se encargan en reflejar con la máxima fidelidad producen también efectos añadidos. Por ejemplo, han puesto en ridículo al presidente del Atlético de Madrid, quien aseguraba que él, que presume de tener un oído muy fino, no  había escuchado los cánticos de su parroquia  voceando a coro a lo largo y ancho de la grada el vergonzoso “Griezmann muérete” cuando esta letanía indignante se escuchaba incluso fuera del estadio. En el caso de Adriana Lastra, el tropezón y la lesión consiguiente han permitido a los comentaristas establecer un sencillo paralelismo entre el percance sufrido por la parlamentaria y la anárquica legislatura que se viene encima, a juzgar por el comportamiento incalificable de sus señorías, un proceder que da vergüenza y en el que habría que  intervenir de algún modo porque estoy seguro de que la Cámara y sus órganos de gobierno tienen recursos suficientes para impedir lo que ya ha superado con creces la categoría de tomadura de pelo. “La legislatura empieza con mal pie” sería uno de los muchos titulares que a uno se le ocurre visto lo visto. Lo peor sin embargo no es el tono jocoso con el que este escenario demencial en el que se ha convertido el Congreso ha llegado a los periódicos para elaborar la crónica del día, sino el Congreso mismo, desde el abanico de juramentos a los cordones sanitarios o la batalla por las sillas. Todo ello produce sonrojo. Y no ha hecho más que empezar.

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