Opinión

EL CAZADOR CAZADO

El grave percance sufrido por el Rey cuando participaba en una excursión de caza mayor en un país situado en el corazón de África como Botswana con el que España no tiene relación alguna y en el que ni siquiera existe legación diplomática, ha suscitado una oleada de críticas que parten no sólo de distintas representaciones políticas sino de amplios sectores de opinión para los que no es tolerable que en una situación tan apurada como la que padece el país su Jefe del Estado se permita lujos como apuntarse a estos millonarios eventos aún en el caso de asistir invitado como parece el caso. Además transmite una impresión ingrata para muchos españoles, defensores de causas relacionadas con el maltrato de los animales. La fotografía del Rey junto a un gigantesco elefante abatido que ha dado la vuelta al país pertenece a otra de estas excursiones celebrada con anterioridad, por lo que parece demostrado que no es la primera partida en la que participa y que antes hubo más. Asistimos a un disparate tras otro.


La ausencia del Rey se ha detectado por una causa desafortunada. El monarca se ha roto la cadera durante su estancia en Bostwana, y ha tenido que ser repatriado en condiciones de seguridad no suficientes, ingresado de urgencia en una clínica de Madrid y operado de madrugada sin que instituciones y Gobierno puedan explicar cabalmente si habían sido previamente advertidas de la ausencia del soberano. Todo parece indicar que se sabía que el Rey estaba fuera pero nadie tenía información exacta de su paradero.


Por desgracia, no es esta la primera situación que coloca a la Monarquía en apuros y la institución vive su peor año desde su retorno. Los episodios inexplicables y los errores se han sucedido causando a la Corona un gravísimo perjuicio que no puede neutralizarse con verdades a medias y explicaciones falsarias. No está el país para debates que no sean los necesarios, pero tampoco está para soportar de su Familia Real comportamientos irracionales.

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