Opinión

CAUSAS PENDIENTES

Desde primera hora de la mañana de ayer sábado, la Audiencia de Palma de Mallorca se ha convertido en epicentro de la actualidad con la presencia en el juzgado del Duque de Palma, llamado a prestar declaración por el juez que instruye el llamado caso Palma Arena y en el que se incluye una pieza que afecta exclusivamente al comportamiento del yerno del Rey. Visiblemente desmejorado y con gesto circunspecto, Iñaki Urdangarín ha preferido recorrer a pie el último trecho de su camino hacia el encuentro con el magistrado que le imputa, e incluso se ha permitido pronunciar una declaración con cierto matiz institucional antes de su comparecencia que probablemente carece de sentido y nada tiene que a aportar ante el hecho de que será la Justicia la que interprete sus comportamientos y será necesario esperar a su dictamen antes de adelantar acontecimientos.


Urdangarín ha comparecido en un día cuajado de episodios relacionados con una realidad inquieta y que necesita un tratamiento global urgente. Ayer también se presentaba ante los tribunales la ex directora de la Caja de Ahorros del Mediterráneo solicitando amparo para su exigencia de indemnización millonaria tras colaborar en una actuación ruinosa que ha sepultado en el caos económico la entidad que ella y otros directivos más gestionaron. Y ayer también se ha sabido que el ex presidente ejecutivo de la SGAE gozará de un una pensión de 23.000 mensuales con carácter vitalicio para premiar el disparate de una gestión que le lleva a los tribunales. Por tanto, fue la del sábado una jornada en la que coincidieron varias situaciones dudosas en las que el fantasma de la corrupción asoma a cada paso y en las que subyace la certeza de que la Justicia ha de aplicarse en toda su grandeza para evitar aspectos que transmiten muchas sospechas. Recuperar la dignidad es tan urgente como recuperar la economía.

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