Opinión

LA CANCIÓN DEL VERDUGO

El ignominioso cerrojazo del que ha sido víctima la Fundación Liste ha convertido al Concello de Vigo en el primer ayuntamiento que cierra un museo. El pasado martes se vivió una de las jornadas más tristes de una ciudad a la que no le sobran argumentos culturales, cuando este espléndido e histórico espacio dedicado a la etnografía, producto además del esfuerzo y el talante de vigueses honorables y entregados a Vigo, tuvo que cerrar sus puertas porque el alcalde le ha negado ayuda. El Museo Liste ha pasado a mejor vida engrosando una lista tan abundante como dolorosa de instituciones que mueren ante la pasividad o incluso la complacencia de un regidor municipal ensoberbecido y desquiciado al que le tienen sin cuidado aquellos elementos de su ciudad que no le reportan halagos.


Es la trayectoria de un gobernante al que le sobra todo lo que no sea regalarse a sí mismo y está jalonada de continuas defunciones. Por su causa se ha perdido prácticamente la Fundación Provigo y por la misma agoniza el Instituto de Estudios Vigueses. Pero también es culpable de pérdidas tan sensibles y escandalosas como el Archivo Pacheco, para el que la ciudad debería habilitar un local propio y plenamente acondicionado para disfrute de sus múltiples tesoros y enseñanza de generaciones venideras. En sentido por completo contrario, Caballero ha acabado con él y con otros tantos estamentos de toda clase hasta convertir la ciudad en una auténtico desierto que no le sirve para otra cosa que para cubrir de losetas.


Es cierto que la situación es delicada y solicita una reducción drástica del gasto, pero no es el caso de Vigo. Se ha contado con recursos, pero se han invertido sin método y de manera egoísta. Alguna vez habrá que solicitar cuentas a quien ha actuado en su ciudad como un auténtico verdugo.

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