Opinión

CABALLERO Y SUS CICLOS

La trayectoria de Abel Caballero en el desempeño de sus diferentes responsabilidades administrativas y políticas cumple ciclos rigurosos y el actual es un calco de lo ocurrido cuando el alcalde dejó la presidencia de la Autoridad Portuaria legando a su sucesor un cajón repleto de bocetos inabordables cuya inspiración se nutría del carácter faraónico de su instigador y de la megalomanía enfermiza y absurda que ha ido moldeando su carácter a lo largo de los años. Caballero se gastó un dineral en utopías desmedidas cuyos proyectos virtuales legó a un discreto compañero de partido de corte técnico y carácter pragmático que en cuanto se enfrentó a aquella sarta de disparates de las que Caballero le hacía custodio se apresuró a correr un tupido velo sobre las locuras del futuro alcalde y convencerle de que lo mejor era que no se volvieran a menear por si acaso.


Han pasado los años pero la vocación del alcalde Caballero por los proyectos desmedidos se mantiene. En realidad, él mismo sabe que lo que imagina y en cuya idealización se gasta fortunas jamás se llevará a cabo, pero eso a él le da igual. Le basta con hacerse la foto ante la maqueta o ante las infografías y transparencias que le acompañan antes de traspasar a otro la responsabilidad de concluir esas ensoñaciones. Como coronarlas resulta por completo imposible, siempre existe para él un culpable.


El Ministerio de Fomento tendrá forzosamente que revisar el proyecto de la estación de Vigo tras la negativa de las empresas privadas a participar en su construcción al no ver clara la rentabilidad de la inversión necesaria. Es una escena idéntica a la que se produjo cuando Caballero se marchó del Puerto dejando a su sucesor aquella herencia mortal. La ministra sabe que Vigo necesita una estación y se hará. Tampoco se puede esperar más por el Eje Atlántico a Santiago y hay que mantener la presión por disponer del AVE a Ourense directo porque no se pueden acumular más frustraciones.


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