Opinión

EL SINO DE UN AUDITORIO

La posibilidad cierta de perder por incompetencia, dejadez, falta de gestión o simple intencionalidad, uno de los referentes que deberían contribuir a consolidar el Vigo cultural trasciende el rango de anécdota para convertirse en un caso alarmante y necesitado de un debate ciudadano ponderado pero urgente. El Auditorio bautizado como Mar de Vigo, cuya definitiva ubicación y construcción posterior ocupó un largo periodo de constantes desacuerdos, incumplimientos administrativos y otros factores que retrasaron su edificación, no sólo no ha cumplido su cometido un año después de abrir sus puertas, sino que sus limitaciones técnicas le impiden ejercer la misión que se le había encomendado. Es decir, perderse en actuaciones de segunda y tercera fila que le condenarán al ostracismo y a la inutilidad si no se pone en ello un remedio demandado de un modo angustioso. Vigo tiene una especial habilidad para desnaturalizar sus escasas bazas culturales, y no hay para ello mejor ejemplo que darse una vuelta crítica por la mayor parte de sus museos. El caso de este Auditorio, en el que las compañías de música culta rechazan actuar por sus carencias técnicas, es otro de los múltiples episodios en el que los rectores ciudadanos han puesto el carro antes que los bueyes construyendo a la trágala un edificio que corre riesgo cierto de permanecer vacío o ser condenado a desarrollar actividades que nada tienen que ver con sus reales competencias. Podrá discutirse por tanto si conviene amparar uno u otro espectáculo, pero un año después de inaugurado ?merced a una lamentable ceremonia protagonizada por el alcalde- apenas ha desarrollado nada que valga la pena, y lo que le espera es, probablemente, aún peor.

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