Opinión

LA AGONÍA DE PEINADOR

Los datos que definen Peinador apenas merecen discusión y pronostican un paulatino deterioro cuya demoledora influencia se ha incrementado en estos últimos meses en los que el aeropuerto vigués ha producido sus peores resultados. Peinador declina sin pausa y fuentes autorizadas y conocedoras del ámbito no dudan en afirmar que puede estar condenado a la desaparición si no se aplica de inmediato una política muy agresiva y sostenida enfocada a la captación de nuevas líneas como ocurre con Lavacolla y Alvedro, que cuentan con entes de promoción propios. Desgraciadamente, y mientras los dos aeródromos citados cuentan con un respaldo institucional y una gran confianza en sus posibilidades de las propias ciudades en las que se ubican, nadie ha movido ni mueve un dedo por Peinador, a quien su propia parálisis unida a la durísima competencia convierten al vigués en un servicio en caída libre, sin apenas vuelos ni perspectivas de aumentar su cartera. A día de hoy y con una nueva pérdida en enero que supera el 20%, Peinador cuenta con un flamante aparcamiento en el que apenas entran coches mientras se amplían sus instalaciones.


Esta muerte lenta y sostenida podría haberse al menos paliado si se hubiera aplicado una política más sensata y también más agresiva en la captación de clientes. Existe por tanto una responsabilidad institucional en el declive del aeropuerto en la que probablemente el Ayuntamiento y su alcalde Abel Caballero, asuman la mayor cuota, pero no solo. En estos momentos de necesidad, la Fundación Provigo podría haberse erigido como herramienta de notable aplicación en el ámbito negociador, pero Caballero la ha destrozado como tantas otras cosas. Incluyendo el aeropuerto. Todavía estamos a tiempo de enderezar el rumbo apostando por una promoción adecuada y coordinada.

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