Saca la espina del corazón

Balonmano

El Guardés, con cuatro goles de ventaja sobre el Michalovce, está a 60 minutos de ser campeón de la Copa Europea y quitarse el trauma de la final perdida en 2023 (19:00, TVG2)

Fanny Descalzo y Carolina Silva se consuelan mutuamente tras una final perdida que todavía duele.
Fanny Descalzo y Carolina Silva se consuelan mutuamente tras una final perdida que todavía duele. | SportCoeco

Dicen que el tiempo todo lo cura. Que hay que levantarse. Que hay que seguir adelante. Repiten hasta la saciedad términos molones como resiliencia y frases vacías de la mal llamada autoayuda estampadas en tazas, camisetas y cojines. Como si la salud mental fuese terreno abonado al consumismo. Realmente, ¿qué no lo es? Pero más allá de esa imposición moderna de la felicidad, aunque sea fingida, están los pesares de cada uno. Y de cada una. Y cuando se apartan las prisas y el estrés del día a día, las fotos llenas de sonrisas y likes en redes sociales y los artificios de la vida moderna, uno queda frente a al espejo. Solo. En ese metafórico escenario es en el que cada uno de los miembros del Guardés subcampeón de la Copa Europea de 2023 siente cómo el dolor palpita debajo de la cicatriz en el corazón por aquella final perdida. Una espina invisible que sigue clavada. Pero como el deporte siempre da revancha, el equipo miñoto está a 60 minutos de arrancar esa púa y traer paz a los atormentados. Para ello, necesita hacer valer los cuatro goles de ventaja que se trajo de Eslovaquia esta tarde en A Sangriña frente al Iuventa Michalovce (19:00, TVG2). Es el partido decisivo.

El cuadro miñoto ganó 20-24 en la ida y demostró ser mejor equipo que el colectivo eslovaco

De aquellas subcampeonas prevalecen en el equipo la entrenadora Ana Seabra -así como su segundo Roque Ferrari y la delegada Gloria Rodríguez-, María Sancha -ahora capitana-, Cristina Cifuentes y África Sempere, que regresó del retiro en invierno para suplir, precisamente, la baja por lesión de la pucelana. Además, claro está, del presidente Jesús López y demás directivos y entrenadores y jugadoras de base en la familia del Guardés. Todas quieren ser campeonas por ellas mismas. Pero también por las compañeras que se quedaron a un paso en 2023. Nunca un partido de balonmano sirvió tanto como ejercicio de sanación.

No solo por la malograda final de hace tres años. También por la de Copa de la Reina de hace un mes y la de 2022. El equipo miñoto ha alcanzado cuatro finales en cuatro años y ha perdido tres. Por eso, Ana Seabra y sus mujeres quieren dar carpetazo a ese halo de segundonas creado en los últimos tiempos.

Ana Seabra quiere despedirse con el título que se le escapó entre los dedos hace tres años

Con naturalidad, con trabajo y con balonmano. Porque para perder finales hay que llegar a ellas. Y eso habla de un trabajo bien hecho. Y como decía Berizzo, tras golpear cuatro veces en la puerta ya va siendo hora de que caiga. Es cuestión de seguir incidiendo. Y el Guardés ha generado un buen caldo de cultivo para que esta vez sí suceda. Ganó 20-24 en Eslovaquia y demostró ser superior. Cierto es que también lo hizo en la final de 2023 con un +6 que se fue por el sumidero en Turquía. Pero esta vez, la resolución será en A Sangriña. Y la cosa cambia.

Además, Seabra cuenta con sus 16 jugadoras. Sin lesionadas. Lógicamente, hay molestias e incomodidades tras una larga temporada. Pero esta vez tampoco hubo partidos entre semana, como en aquella ocasión con el play-off de Liga. Se ha podido recuperar algo de frescura. Y de esa activación de piernas debe nacer la mayor fortaleza de este equipo. Si el conjunto miñoto es capaz de defender a su mejor nivel -no como aconteció en la vuelta de la final de 2023-, la Copa Europea se quedará en A Guarda.

A Sangriña estará llena a reventar para ayudar a que el trofeo continental se quede en A Guarda

Es la seña de identidad más clara de este equipo y de la entrenadora portuguesa, que hoy dirigirá su último partido para entrar en la historia como la segunda campeona después de aquel título liguero de 2017 levantado por un José Ignacio Prades que afrontará su segunda etapa desde la temporada que viene. El trabajo incansable de Seabra merece este premio y si el bloque funciona atrás, brotarán las paradas de Balznic y los goles gratis al contraataque. Es el plan. En ataque, se espera la capacidad cerebral de Cacheda y un poco de su magia. La efectividad de las segundas línea, con Palomo en el pivote y Ania Ramos y Mendoza en los extremos, también se presenta fundamental.

Y, quizás por encima de todo, está jugar con tranquilidad. Puede ser histórico, pero no deja de ser un partido de balonmano. Y las supervivientes de 2023 explicarán a las compañeras la importancia de no atenazarse, como sucedió aquella vez. Una Sangriña llena a reventar hará el resto. Solo queda tirar la puerta abajo. Solo queda sacar la espina del corazón. Solo queda ser campeonas.

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