Balonmano | Copa Europea
El Guardés conquista su escalera al cielo
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Hay una dama que está segura. Todo lo que brilla es oro y ella está comprando una escalera al cielo". Así empieza la obra maestra de la música universal, lanzada en 1971 por Led Zeppelin. Por fin pudo cantarla el Mecalia Atlético Guardés. Y sentirla. Y vivirla. Porque ese pedazo de letra es su propia historia. Una historia -con mayúsculas- que ayer terminó de escribir para sí mismo y para todo el balonmano gallego cuando María Sancha levantó la Copa Europea en A Sangriña después de imponerse nuevamente al Michalovce eslovaco en la vuelta (29-24) para un global de 53-44. Aquella infausta final de 2023 ya es solo un mal sueño. Ana Seabra y sus mujeres ya son inmortales. Ya son campeonas. Como cantaba Robert Plant: “Cuando ella llega, ella sabe”.
Por muchos abrazos, besos y ánimos previos para reconfortar a la compañera, los nervios son un caballo salvaje imposible de domesticar. Calmarlos, si acaso. Pero nunca embridarlos. Y se notó en unos primeros compases llenos de imprecisiones en el ataque local. Para compensar esas pérdidas, la defensa funcionaba tan bien como siempre. Así, los escalones iniciales se subieron uno a uno. Un intercambio de golpes sostenido por Balznic, que firmó media docena de paradas en el primer cuarto de hora.
Estaba claro que para ganar había que ser fiel a sí mismo. Por eso pidió tiempo muerto Ana Seabra. Tras sus reajustes, Cris Cifuentes volvió a la pista tras 5 meses de lesión y su agresividad defensiva mejoró todavía más el 6:0 profundo y proactivo del cuadro miñoto. A partir de ahí, el Guardés firmó un parcial de 6-0 en el que tuvo a las eslovacas 9 minutos sin marcar (9-4, min. 23). Demoledor. Fue el punto de inflexión que dejó sentenciado el título con un clarificador parcial de 14-8 al descanso.
Cacheda había empezado a fluir en ataque y de su magia, nació todo lo demás. Goles propios, de Sancha -infalible desde los 7 metros- y de una Ania Ramos nuevamente estelar. También con el dinamismo de Hauptman, acertada en el lanzamiento. Todo ello sustentado en el trabajo defensivo que coronaba Balznic, intratable en la portería.
Con una ventaja global de diez goles, solo un descalabro de enormes proporciones podía arruinar el sueño local. No sucedió. No esta vez. Porque aunque las imprecisiones aparecieron de nuevo en los primeros compases, rápidamente quedaron sepultadas en la superioridad guardesa. María Palomo, siempre inmensa pero no siempre en el foco, se regaló varios goles consecutivos que premiaban su descomunal importancia en este equipo. El asunto estaba resuelto.
Los últimos minutos transcurrieron como una cuenta atrás para la fiesta. Nerea Gil y Rosane Serrano tuvieron sus minutos. Todas participaron en la pista de la gesta. Mientras, la emoción ya se dejaba sentir en el banquillo. Imposible recordar la sucesión de los goles finales porque lo que se va a recordar para siempre empezó tras el pitido final. Ya era real. El Guardés acababa de ascender a la inmortalidad por su escalera al cielo.
Mecalia Atlético Guardés:
Balzinc (p.) y Sabina Mínguez (p.); Hauptman (4), Sancha (4), África Sempere (3), Téllez (3), Cacheda (3), Palomo (3), Ramos (3), Elena Martínez (2), Mendoza (1), Serrano (1), Nerea Gil (1), Portillo (1), Cris Cifuentes y Carme Castro.
Iuventa Michalovce:
Yablonska (p.), Jakubikova (p.) y Lazorak (p.); Bieger (6), Popovcová (5), Soskyda, Bacenkova (4), Lukacova (4), Juliana Costa (3), Sabovova (2), Kowalik, Brajovic, Kompaniiets y Geffertova.
Marcador cada 5 minutos:
1-0, 2-2, 4-4, 6-4, 10-6, 14-8 (d.); 19-10, 21-12, 22-14, 26-16, 28-20, 29-24.
Árbitros:
Nichlas Nygaard y Jonas Primdahl (Dinamarca). Excluyeron con dos minutos a las jugadoras locales Cifuentes y Carme Castro y a las visitantes Bieger, Brajovic, Kompaniiets y Lukacova. Roja directa a la visitante Emilia Kowalik (min. 24).
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