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Semillas que florecen en la fértil tierra viguesa

borja refojos. VIGO | 14 de agosto de 2019

La tierra batida del Club de Campo de Vigo fue el bancal del que brotaron grandes carreras tenísticas, como las de Álex Corretja (izquierda junto a Gisbert),    Pablo Andújar (centro) y Tommy Robredo (derecha, con Cánovas)
La tierra batida del Club de Campo de Vigo fue el bancal del que brotaron grandes carreras tenísticas, como las de Álex Corretja (izquierda junto a Gisbert), Pablo Andújar (centro) y Tommy Robredo (derecha, con Cánovas)
Álex Corretja, Pablo Andújar y Tommy Robredo probaron las mieles de la victoria en el Club de Campo antes de dar      el salto al circuito ATP y triunfar a nivel mundial
Arar, sembrar, regar, abonar. La labranza es un proceso que requiere tiempo y mimo con la tierra. Igual que el tenis. Precisamente sobre esta superficie desfilaron por el Club de Campo de Vigo varios de los mejores tenistas españoles de la historia, amén de figuras mundiales como Andy Murray o Marat Safin. Entonces eran semillas. Luego se volvieron hermosas flores. Es el caso de Álex Corretja, Tommy Robredo y Pablo Andújar.
Los tres coinciden en lo mismo: haber disputado la competición vicedecana del tenis estatal fue "muy especial", del mismo modo que tienen claro que estas citas son el mejor trampolín para los jóvenes. "Para mí, que haya torneos como el de Vigo es algo indispensable para asegurar el futuro del tenis español", espeta Pablo Andújar. El conquense afincado en Valencia  tiene 33 años, ocupa actualmente el puesto 68 de la ATP y es el séptimo mejor español del circuito. Con una carrera dilatada, en la que ha ganado cuatro títulos y ha llegado a estar en la trigésimo segunda plaza del ránking, Andújar se acuerda a la perfección de Vigo, donde ganó tres títulos en dos años -individual y dobles con Granollers en 2006 e individual en 2008-. "Es un club en el que se está muy a gusto. La gente me trató de diez: toda la organización, el presidente... Recuerdo que incluso hacíamos la broma de que tenía que volver para ganar tres veces", rememora el valenciano, que concluye: "Me sentí como en casa, que al final es lo que marca la diferencia para nosotros, que siempre estamos viajando".
Y es que esa es la vida de un profesional de este juego. Amanecer hoy en un continente y mañana en otro. Viajar, entrenar y jugar. Así todas las semanas. Desde muy jóvenes. "No lo recuerdo todo lo bien que querría porque ¡hace tanto tanto tiempo!". El que echa la vista atrás es Tommy Robredo. El gerundense sigue en activo con 37 años y 21 de carrera profesional. Amor por el tenis. Su fantástica trayectoria le ha llevado a ganar 12 torneos ATP, entre ellos el Masters 1.000 de Hamburgo en 2006, y tres Copas Davis. Llegó a ser el quinto de la lista mundial y fue olímpico en 2008. Casi nada. El año en que todo esto echó a andar (1998), Robredo fue subcampeón en Vigo al caer en la final frente a Nicolás Massú, pero se llevó el triunfo en el dobles junto a Cánovas. "Me acuerdo del club, de lo bien que se estaba y de lo bien que nos trataron", comenta el catalán, que rememora entre risas una historia que mezcla natación, algas y la isla de Toralla: "Había que hacer una travesía a nado hasta la isla. Pero yo hice de vigilante de la playa porque me daban miedo las algas. Si pasaba algo, ya saltaría desde el puente".
Y es que los encantos de Vigo no son fáciles de olvidar por más años, viajes y torneos que pase. Así lo siente también Álex Corretja. 17 títulos ATP, entre ellos una Copa Másters, un bronce olímpico, una Copa Davis -de cuyo equipo español fue después capitán-, una final de Roland Garros y 29 años no han hecho que el barcelonés se olvide del Club de Campo. "Es muy especial cuando ganas torneos a esas edades. Son recuerdos muy bonitos y te marcan de por vida", comenta el barcelonés, que perdió en la final individual frente a Alberto Berasategui en 1991 tras ganar el dobles el año anterior junto a Juan Gisbert (hijo). " Lo que más recuerdo es que la gente iba con nosotros. En estos torneos se mezcla la juventud de los que llegan con algunos veteranos estancados. Comenzamos a ganar a gente que ya estaba consagrada y la afición nos apoyaba por ser españoles y ser los más jovencitos. Ese cariño lo recuerdo perfectamente", comenta.
Los recuerdos se agolpan y las sonrisas se suceden. Es volver atrás. Al principio de todo. A la época en la que jugar es pura diversión, pero también en la que empiezan a aparecer las preocupaciones. "Este tipo de torneos son fundamentales para el desarrollo de los jugadores. Para que crezcan, adquieran experiencia, disputen partidos y sumen puntos", comenta Corretja. "Es gracias a estas iniciativas que los jugadores jóvenes se han ido formando y luego de ahí han podido ganarse la vida con el tenis, jugar Copa Davis o quién sabe, quizá ser futuros top-ten", apunta Andújar. Así es. El máximo exponente de esta reflexión es Rafa Nadal, que ganó en Vigo en 2002 en la prehistoria de una carrera con 18 Grand Slams y 35 Masters 1.000. 
Robredo apunta como "algo de agradecer" una gira por el norte con torneos en Irún, Santander, Oviedo y Vigo. "Es mucho más barato. Y en esas edades, que no solo no ganas dinero, sino que lo pierdes, no tener que ir a otros países ayuda", añade el gerundense, que no se siente con capacidad para dar consejos a los jóvenes en esta situación. "Tuve la suerte de que estar becado por la Federación pero cuando una persona tiene que empezar a pensar en lo que gasta es complicado", añade. Nadie dijo que fuera fácil. Por eso, Andújar anima a los jóvenes a que "perseveren al máximo" porque "el que la sigue la consigue" y Corretja pide a "sponsors y ayuntamientos" que aporten. Es la forma de seguir creando Robredos, Andújares y Corretjas. De seguir sembrando un futuro que dé frutos y garantice el futuro. De mantener la tierra batida de Vigo como uno de los semilleros del tenis mundial.n
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