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¿Sectarismo o educación?

José Carlos Fernández Otero |

Atlántico | 14 de abril de 2017

En medio de la vorágine de todo tipo que envuelve al mundo en general y a nuestra Europa y a España muy en particular, uno ya tiene sus dudas sobre el origen de ciertos problemas que surgen cada día por doquier. Como siempre tenemos que acudir al “ingenioso hidalgo”, releerlo y obtener de él tantas y tan sabias enseñanzas. Para hoy me vienen bien dos frases muy manidas pero pese a ello muy actuales. Quédense, por favor con dos: “Pasmado quedado heme…”, y aquella otra del comienzo de la obra cumbre cervantina de la literatura española: “En un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme”. Podemos aplicarla para lo siguiente que deseo exponer hoy en este día de Jueves Santo. Comienzan mis dudas para discernir si de lo que se trata es de sectarismo o más bien de falta de formación, de educación. Una consecuencia más de los planes de enseñanza que venimos sufriendo en muchas décadas. 
Permítanme que les manifieste mi sorpresa, extrañeza inaudita cuando, por ejemplo en los pasados carnavales, se utilizó a la Iglesia Católica de una manera incomprensiblemente burda, zafia, blasfema. La manipulación de símbolos y realidades religiosas ha llegado al límite. Nada menos que la imagen de la Virgen María y la de Jesucristo fueron sometidas (¡y premiadas!) a las burlas mas bajas. Hieren la sensibilidad religiosa hasta límites insospechados de un elevadísimo número de españoles sensatos sean creyentes o agnósticos. Y, por si fuese poco, se celebra una boda civil y el encargado de dar fe del evento se viste de cura y por estola utiliza una bufanda de un club de fútbol…
Tomen ahora la segunda frase del comienzo para juzgar lo siguiente. Un grupo de parlamentarios, la mesa de aquel congreso de (“… un lugar… de cuyo nombre no quiero acordarme”) vienen de visita a Lisboa. Una visita muy bien organizada y al final les quedaban dos horas libres y a aquellas señorías (de “… un lugar… de cuyo nombre no quiero acordarme”) se les ofreció visitar la cumbre del arte manuelino que es el claustro y monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belêm. Pues bien, dos de aquellas señorías de un parlamento (de “un lugar… de cuyo nombre no quiero acordarme”), se negaron porque dijeron que aquello era una iglesia y que ellos se negaban a entrar en un templo…
Es clara la persecución y desprecio que está sufriendo la Iglesia Católica en algunas partes del mundo. Una Iglesia que es “Santa, católica, apostólica, una” y por lo que se colige “perseguida” hasta límites insospechados con mofas de mal gusto, sacrílegas y, cuando menos, de mala educación. ¿Qué formación intelectual sobre las esencias del cristianismo poseen sus detractores? ¿Qué punto del mensaje de Jesús de Nazaret les molesta o es rechazable objetivamente? Esta es la cuestión.
Tal día como hoy, el Gólgota fue escenario para enseñanzas de paz, caridad y amor. Murió perdonando a quienes le mataban (“Perdónales porque no saben lo que hacen”); victima del juez más incongruente (“Yo no encuentro en Él ninguna culpa, lleváoslo vosotros y crucificadlo”); manipulado por la chusma y temeroso (“Si sueltas a ese no eres amigo del César”…); que se desentendiéndose se lava las manos…
Uno se sigue preguntando, tal día como hoy, si algunos en su obnubilación se niegan a ver cuanto bueno hace la Iglesia en el mundo y Cáritas es una muestra. Sin olvidar los puntos negros, que los hay, como en cualquier institución humana. Pero se resaltan éstos obviando aquellas en una falta de rigor. ¿Qué harían otros credos religiosos si recibiesen las afrentas que está soportando la Iglesia Católica? Con menos motivo hacen correr sangre, pero parece que la de los cristianos posee menos valor…

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