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Profeta único en su tierra

borja refojos. vigo | 18 de agosto de 2019

Ernesto, que sigue jugando, pasa unos días en Baiona antes de volver a Madrid, donde vive hace muchos años.
Ernesto, que sigue jugando, pasa unos días en Baiona antes de volver a Madrid, donde vive hace muchos años.
Solo un vigués, Ernesto Vázquez, ha levantado la Copa Bedriñana en sus 79 años de historia
El Concurso Internacional de Club de Campo es el segundo torneo de tenis más antiguo de España. Un clásico. Por sus pistas han pasado grandes jugadores a lo largo de sus 79 años de vida. Una fiesta de este deporte para Vigo. El único lunar en tan destacada historia es la ausencia de tenistas locales en el palmarés, con una única excepción: la de Ernesto Vázquez (Vigo, 1953). Tras intentarlo varias veces, finalmente consiguió levantar la Copa Bedriñana en 1978 y hacer justicia a la dinastía tenística más importante de la ciudad, la de los Vázquez. "El otro día estuve en el Club y veía a mi padre en cada esquina", comenta con emoción mientras recuerda también a varios de sus tíos. Todos desempeñaron diferentes roles en el Club de Campo.
Un club en el que Ernesto dio sus primeros golpes hasta que con 16 años viajó a Madrid con una beca para ingresar en la residencia Blume. "Eso cambió mi vida", explica. Fue el comienzo de una carrera que le llevó a viajar por todo el mundo y a rozar el top-100 de la ATP -llegó a ser el 102 del ránking-. "Era un jugador muy rápido y con un saque bastante potente", dice. Y tanto. Hasta 217 kilómetros por hora llegó a marcar. En los 70 y con raquetas de madera. Un bombardero. "Vivimos de pleno la transición del tenis", reflexiona Vázquez, que entre otros triunfos formó parte del equipo español campeón de la Copa Galea -la Davis sub-21- de 1973.
Pero Ernesto tenía una espina clavada en forma de Copa Bedriñana. Quería ganar el torneo del Club de Campo. Su torneo. "Fue una satisfacción muy grande", destaca Vázquez, que lo intentó en varias ocasiones hasta que por fin se proclamó campeón en el 78. "¡Que no nos falte nunca!", exclama, al tiempo que se declara un creyente convencido del deporte de base -fue entrenador de niños durante 27 años-. "El dinero llama al dinero. Hay inversiones para grandes eventos, pero para los semilleros de los atletas, los patrocinadores no quieren invertir", lamenta. "El problema es que no se trabaja para el futuro y para que haya citas tremendas, tiene que haber competiciones como este ITF. Pero cuesta mucho reunir esos 30.000 dólares que cuesta hacerlo", expresa el tenista y entrenador jubilado. "Como ya tengo unos añitos, veo estas cosas con más perspectiva", bromea.
En cada palabra se percibe el cariño que Ernesto Vázquez siente por el Club de Campo, donde mamó tenis de pequeño y a donde volvió para ser director deportivo desde 1995 hasta 2001. "Lo llevo en la sangre y en el corazón", susurra con voz entrecortada. La emoción va y viene en su relato. También cuando habla de la pasión de su vida. "El tenis es todo para mí", inicia. Y prosigue tras tragar saliva: "He viajado por todo el mundo, conocido mucha gente, he vivido de él, le he dado estudios a mis hijos, encontré a mi mujer en una pista...". Son muchos torneos, muchos partidos, muchos puntos. Muchos recuerdos. "Solo tengo palabras de agradecimiento hacia el tenis por todo lo que me ha dado", concluye mientras saborea una vida ligada a la raqueta. n
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