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El poeta del rock español se cura con sus letras

javier rey. ourense | 01 de enero de 2019

Figueiredo (Coles). 22/11/2018. Entrevista a Yosi Domínguez en su casa de Figeuiredo, por el próximo lanzamiento de su libro.
Foto: Xesús Fariñas
Figueiredo (Coles). 22/11/2018. Entrevista a Yosi Domínguez en su casa de Figeuiredo, por el próximo lanzamiento de su libro. Foto: Xesús Fariñas

Dos años después de su caída, Yosi continúa con recuperación, a la que se ha unido la edición de un libro con su obra poética y su vida pública que le sirve, además, como terapia

El plato del tocadiscos de la casa de Yosi Domínguez (Ourense, 1948) acumula polvo con un disco de Jimi Hendrix desde la víspera del 22 de julio de 2016. Ese día, el líder de Los Suaves sufrió una gravísima caída en un concierto en Santander. Se abrió la cabeza por dos sitios. La operación duró ocho horas y media -"la filmaron para hacer estudios en la universidad", señala Domínguez antes de piropear a los "grandísimos" médicos que lo atendieron"-, y a partir de ahí empezó una lenta y dolorosa recuperación. En lo físico, y especialmente en lo mental. Pasó de protagonizar una gira que lo iba a llevar por toda España con sucesivos "sold out" durante seis meses –y que iba a culminar en Ourense–a estar postrado en una cama de un hospital cántabro, abandonado. Y se le abrió otra brecha, emocional. "Me dio tanto asco, tanto asco… que odié la música, dejé de escuchar música, dejé de tocar la guitarra… ni volví a mirar mi tocadiscos. Y no le escupo al pasar porque escupir ya escupen los diputados…". Emocionalmente quebrado, Yosi inició un camino apoyado en psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas... "Mi pobre cabeciña...", lamenta. 
El jueves, en su casa de Coles se escuchó su guitarra. "Es la segunda vez que la toca en dos años", se une Laura Lunardelli, su pareja, su mejor apoyo y su memoria –el golpe provocó a Yosi una lesión cerebral con severas consecuencias a nivel neuronal–. "Tamén a súa arquiveira –interviene apoyado en la biblioteca Xose Lois Vázquez–. Ten todo perfectamente gardado, catalogado...". Lo demuestran, sobre la mesa del salón y en diferentes rincones, una formidable cantidad de recuerdos, recortes, revistas... la huella del referencial músico a lo largo de los años y parte del proyecto que tiene ahora mismo Vázquez, como editor, entre manos: "Unha obra-repaso pola vida, literaria e pública, de Yosi. Que busca poñer en valor o traballo de creación poética deste poeta do rock sen esquecer a súa faceta de músico, cunha densa vida chea de concertos". 
Esta vertiente de Domínguez de poeta y músico justifica el carácter que ha tomado el proyecto que el presidente de la Diputación, Manuel Baltar, encargó a Xosé Lois Vázquez tras avanzar la idea el día que entregó a Los Suaves la medalla de oro provincial. Desde ese 10 de octubre de 2017 se ha ido avanzando en un camino fraguado en los últimos meses y que verá la luz en el arranque del próximo año en forma de libro compuesto por dos tomos. "No primeiro irá o corpus da obra de Yosi, todas as súas letras", detalla Vázquez. "Mi alma en canciones. Quiero que sea un libro blanco, delicado...", lanza Yosi. "E o segundo tomo -continúa Xose Lois- funcionará como un tributo aos miles de fans de Los Suaves, ese vehículo para o talento de Yosi. Todo o que ten que ver coa súa vida pública: un millar de fotografías, recortes de xornais, reproduccións de cadros, obxectos... con textos orixinais de músicos, xornalistas e escritores homenaxeando ao seu colega". 

“Me fuisteis empujando"
Sin ser su propósito original, este libro se ha revelado en los últimos meses de intenso trabajo de Xose Lois y Laura como una especie de terapia para Yosi, que sin implicarse directamente en el proyecto le ha ido sonriendo cada vez con más complicidad. "Los dos me fuisteis empujando", reconoce. "Le hacía mucha falta. Ha vivido un palo tremendo, un trauma", reflexiona Lunardelli. "Ellos están muy ilusionados, y ellos me ilusionan a mí. Me han traído hasta aquí. Y estoy encantado. Estaba muy mal. Llegué a tomar 18 pastillas al día", confiesa Yosi, que se ve en el camino de la recuperación. "Sobre todo de ánimos, cuando empecé a salir de casa. Empecé poco a poco a hablar con la gente, que me animaba: 'Joder Yosi, qué buena cara tienes. La última vez que te vi parecías un muerto, coño'. Cada vez que saliá y escuchaba una cosa así... era como si me inyectaran adrenalina". 
Las heridas se han ido cerrando, aunque falta tiempo. "Pensé que ya tenía todo superado, pero no. Cuando me enseñaron la radiografía de cómo me había quedado el cerebro me empezaron a caer las lágrimas... estallé", rememora el músico mientras vuelve a atacar su armónica. Su encuentro previo con la guitarra, tras una comida con amigos como el articulista Rodrigo Cota, se hizo viral en apenas unas horas en Twitter. "Perdí el miedo, estoy sanando", celebra Yosi mientras, tras contar los detalles de su colaboración con Alvin Lee, el formidable guitarrista que arrasó en Woodstock en el 69, se sienta en el sofá y coge, al poco, una cartulina del revoltijo de recuerdos que esperan turno en la mesa. Guarda la letra de una canción: "No quiero saber ni qué canción es esa...yo escribía las canciones donde cuadraba, las enrollaba en un tubo de papel higiénico y las lanzaba a un cajón. Así después, si se me iba la olla, perdía la libreta o la quemaba... estaba ahí". 
Todas esas canciones esperarán a los lectores en el primer tomo del libro, ordenadas cronológicamente. "Están trabajando como fieras", se admira Domínguez, que no escatima en elogios del curro que están haciendo Lunardelli y Vázquez en lo que el editor, que funciona de curador, define como "unha exposición ao público dunha parte de Yosi, que tivo a intelixencia de distanciarse do proceso".  "¿Si meto mucho las narices? ¡Qué va! -se da una palmada en la pierna Yosi-. Estoy encantado. Confío en ellos, mucho. Me doy cuenta cuando los escucho conversar entre ellos. Me entienden, entienden mis letras, me entienden a mí... no quiero leer nada hasta que no esté públicado". 
En el segundo tomo se sitúan las versiones que a lo largo de los años ha ido confeccionando Yosi de algunos de sus temas favoritos, y de las que se confiesa orgulloso: "Una canción sobre rayos y truenos de Thin Lizzy que me encantaba... la traduje literal al castellano, incluso se me escapó alguna palabra en gallego. Me encontré con Gary Moore y le pedí permiso para usarla. Y va y me dice: 'Chaval, ¡pero tú eres tonto! Esa canción no es mía, es una popular escocesa que tiene 800 años". 
Junto a las versiones y los recuerdos comparecerán las colaboraciones que Lunardelli –pieza indispensable del proyecto, "sen ela o libro non se fai", señala Xose Lois– pidió a camaradas y compinches de Yosi. Desde Gay Mercader al Drogas, pasando por Sherpa de Barón Rojo ("escribe que te cagas", dice Yosi), Luz Casal, Jaime Noguerol, García Mañá, Vázquez-Monxardín, el propio Cota.. Y en el proceso de recogida de los textos, "muy buenos", Laura, periodista, apunta dos denominadores comunes: "El reconocimiento de su figura como poeta y mucho cariño". 

“¿Cómo está el Yosi?"
Al amor de colegas de todos lados se agarró con fuerza Yosi en su proceso de sanación. "El cariño sana", dice, y Lunardelli amplía: "Tuvo siempre a su lado el amor de muchos colegas músicos. De todas partes". Con los ojos brillantes, Domínguez enumera: "El Drogas, Barricada, Mariskal, Boikot... el de Barón Rojo llamando y preguntando '¿Qué tal el Yosi? ¿Cómo está el Yosi?'. Muchos vinieron aquí, me hcicieron compañía... luego no me acordaba de su visita...". Yosi, lanzado, sitúa el eje de su carrera: "La gente, la gente siempre ha sido lo único importante para mí. Que me entiendan". Su pareja cuenta cómo un fan de Castellón –"que tiene mi cara tatuada en su pierna", interviene Yosi– le mandaba frutas y hortalizas de su huerta en lo más duro de su convalecencia. Un proceso que vivió en silencio musical. "No quería saber nada de ella  –vuelve Yosi–. Iba en el coche y si sonaba música decía: 'Saca eso...'. Solo escuchaba clásica". Luego empezaría con otro clásico: "Me regaló un vinilo Manquiña... Frank Sinatra y Barbra Streisand, fueron mis ángeles, quién lo diría". n
 

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