Imprimir

Cómo se fue haciendo Vigo

Lalo Vázquez Gil |

Lalo Vázquez Gil | 26 de diciembre de 2013

Muy contento me puse cuando un amigo de verdad, de esos que aunque aparentan grandes afectos cara a nosotros, la verdad es que están deseando que nuestro triunfo sea pequeñito … (¿Es así o no es así? Claro; pero a uno le gusta ver que con amistades buenas o malas se aprende mucho (y se sufre lo mismo.)

Pero sigamos: Una manera de aprender como era nuestra ciudad y por que razón es leyendo y preguntando quien es la señora o el señor que están allí con la placa y las letras de su nombre y en algunos casos con la imagen de su rostro. (Es una bella y seria manera de reconocer el valor de él o de ella, figuras ilustres de nuestra ciudad, aunque no hayan nacido aquí.)

Algunas de esas placas desaparecen, por diferentes cuestiones (guerras, desatenciones, envidias, cambos de política...) con lo que se justifica el cambio del personaje o la acción.

En Vigo hubo calles por las que pasearon sus apariciones al gusto los políticos. Es la vida… o el mando. Pero el paso del hombre (y la mujer también) tienen sus sistemas para mandar.

También en Vigo. Pero las concesiones –y esto es bueno saberlo- se realizaron, siempre, con sentido y justificación mayoritaria sin grandes apasionamientos.

Observen la Plaza de la Constitución que incluso en tiempos franquistas se mantuvo con el mismo nombre. Y en la época de la “Gloriosa”, en la revolución de 1868, se llamó “Plaza de la Libertad”

Esto de los cambos de nombre significan novedades de partidos políticos generalmente para bien… o para mal. Pero no pasa nada. O se acostumbra el pueblo y desaparece (la placa de la calle), por cualquier causa, grata o ingrata según el grupo político.

Sin embargo hay hechos que no se esperaban. Por ejemplo “el Castro”.

Era y es un monte que fue adquiriendo apoyos que luego se fijaron para nomenclatura y aire poderoso: un monte dicho en gallego y ya internacional, exagerando un poquillo. Hay que pensar que al principio no había muchas calles sino senderos más o menos usados por el confort o para tomar aire.

Y como no había espacios libres sino de poderosos y últimamente pasaron a manos de funcionarios públicos que no trabajaban para ellos sino para toda la gente, aquella parte del monte transformada en un bello y poderoso jardín.

Algunos padres pudientes situaron poco a poco edificios muy propios de buen uso que fueron llenando hasta un trocito del monte amistándose con los militares..

Y el nombre de “El Castro” quedó para siempre. (Ya, ya… Ya hablaremos de los romanos y otras especies sociales –humanas- que anduvieron por estas tierras hace muchísimos años…)

Puede ver este artículo en la siguitente dirección https://www.atlantico.net/opinion/lalo-vazquez-gil/fue-haciendo-vigo/20131226000000227505.html


© 2020 Atlántico

© Rías Baixas Comunicación, S.A.

Contenidos con licencia Creative Commons