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El alemán que desertó y vino a Vigo por amor

ROSÉ CARRERA VIGO | 11 de enero de 2015

Imre Kukla, hijo de Hanns Oswald Kukla, es el responsable de la traducción y edición de este libro escrito por su padre.
Imre Kukla, hijo de Hanns Oswald Kukla, es el responsable de la traducción y edición de este libro escrito por su padre.

Hanns Oswald Kukla participó en la II Guerra Mundial; estuvo destinado en Vigo, Berlín, el frente Ruso e Italia, donde se unió a los partisanos. Regresó a Vigo donde se encontraba su gran amor. Ahora se publican sus memorias.

V igo es una auténtica caja de sorpresas que de vez en cuando regala a sus gentes historias épicas que devuelven al hombre su esperanza. En esta ocasión, su protagonista es un soldado alemán, Hanns Oswald Kukla (Beuthen, 1914-Innsbruck, 1956), cuya vida, relatada en primera persona, ha sido rescatada por uno de sus hijos y ve ahora la luz en forma de libro. ¡Tenía que suceder así! Diario de guerra de un desaparecido (1933-1946) es un canto al pacifismo en plena II Guerra Mundial. Y es, sobre todo, una de las pocas voces críticas contra el nazismo surgidas en su época entre los propios alemanes, que en la mayoría de los casos prefirieron ver para otro lado e ignorar el horror del régimen nazi. “Mi padre tuvo el convencimiento desde el principio de que era una guerra perdida, que no tenía sentido”. Imre Kukla Boán se emociona cuando habla de este hombre al que conoció muy poco pero del que conservan en la familia todos sus escritos, documentados también con fotografías. Él se encargó de la traducción de sus diarios que ya su padre había redactado en forma de libro y que ahora ha autoeditado, en alemán y español, en colaboración con su hija Inge y su primo Thomas Bronder.
La historia de Hanns Oswald Kukla es la de numerosos jóvenes alemanes a los que el ascenso de los nazis al poder les sorprendió en edad de hacer el Servicio Militar. Criado en el seno de una familia tradicional católica y de formación agrónoma, tras la instrucción le tocó servir en la Legión Cóndor. Su destino como telegrafista en este cuerpo expedicionario que participó en la Guerra Civil le trajo a Vigo en 1938 y, para poder operar mejor —la ciudad era un auténtico nido de espías donde, desde el Cable Inglés y el Cable Alemán, se vigilaban los movimientos de barcos y mercancías mutuamente—, fue presentado como corresponsal de prensa. “Así se introdujo más fácilmente en lo que era la sociedad viguesa de aquella época”, añade su hijo, y así conoció también a la que años más tarde conseguiría convertir en su esposa, la viguesa Teresa Boán.
Al final de la contienda española los alemanes regresaron a su país. Hanns Kukla, lejos de licenciarse, se vio obligado a continuar sirviendo como soldado en el departamento de telecomunicaciones. Tal como relata en su libro, y comenta también su hijo, estuvo en Berlín, en el Ministerio del Aire, donde consiguió que lo expulsasen para dar con sus huesos, castigado, en la prisión de la Fortaleza de Torgau. De ahí, fue enviado al frente de Rusia, a las puertas de Moscú, durante el duro invierno de 1943. Por su puesto, siempre tuvo información de primera mano de lo que pasaba realmente en la guerra y, a base de 'triquiñuelas' e ingenio, logró que su unidad fuese destinada a Italia. El atentado a Hitler en julio de 1944 fue el empujón final que necesitó para decidirse a desertar. Pero no se quedó ahí su aventura: se unió a los partisanos italianos y, acabada la guerra, colaboró en Roma con los aliados, hasta que finalmente embarcó rumbo a España para reencontrase con Teresa Boán.
Klukla vivió en Vigo y Bilbao, donde se ganó la vida como cronista y comentarista político para numerosos periódicos, tanto europeos como de América, entre ellos “El Pueblo Gallego”. Falleció en Alemania mientras esquiaba. Preparaba su regreso a su país, junto a su familia, porque no se sentía cómodo en la España de Franco. Sus descendientes siguen asentados en la ciudad viguesa. n

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