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Edades

Cartas al director

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Tengo amigos muy mayores; uno de 101 años con el que departo de vez en cuando y, aparte de sus piernas cansinas, está perfectamente amueblado y con él da gusto platicar. De 94 y 92 también tengo y conservo su amistad, e incluso con uno de 90 nos tomamos el vino día sí y día también. Cuando se lamentan de la edad que tienen -que siempre lo acaban haciendo, como quejándose lastimosamente- siempre les digo, ante su asombro, que yo espero llegar a los ciento cincuenta años. Eso sí, con la advertencia de si no me muero antes.
El otro día, hablando con el de 94 años, un auténtico filósofo y poeta, amén de ser un apasionado del fútbol, me contaba sus peripecias de cuando joven jugaban en su parroquia entre los viejos o mayores y los jóvenes -no solteros y casados como en otras parroquias de larga tradición y recorrido que hay en esta comarca de Barcala- después de recogido el maíz, en una finca adecentada al efecto con motivo de las fiestas patronales. De los dos años que jugó, pues luego se tuvo que marchar para Venezuela, siempre ganaron los jóvenes. Conserva una con Yashine, el portero ruso. Amén de todo un álbum lleno de grandes figuras y firmas incluidas; con Luis Aragonés estuvo toda una tarde tomando cerveza. Zoco y Amancio llevaban a su hijo al mismo vestuario… Fue un gran emprendedor debido a la tenacidad que siempre tuvo a su alcance y que siempre utilizó y quizás fue lo único que no le hizo flanquear en aquellos momentos de debilidad que todos solemos tener.
Me cuenta que ellos, los jóvenes, dentro de la eterna guerra generacional querían para sus fiestas una orquesta y que los mayores, los encargados de la función, siempre traían una banda. A tal extremo llegó la discusión un año, que el presidente les dijo que qué sabían ellos de música ni de gaitas, pero que si alguno le sabía explicar qué era la música, con sumo gusto les complacería y contratarían una orquesta. De todos los allí reunidos ninguno  fue capaz de decírselo. Por eso, él, a los pocos días se  compró un libro de un tal Miguel Hilarión Eslava -con be pequeña (sic), que me hizo saber y gracia me hizo- y le quedó grabado para toda la vida -cual padrenuestro se tratara- que la música es el arte de combinar los sonidos y el tiempo.