Cartas al director

La equidistancia y la indiferencia entregaron Venezuela al comunismo

 Esto destruye pueblos y conciencias, para implantar su dictadura seductora y destructora, lo decía y con mucha claridad en su día Konrad Adenauer.
Sin ninguna duda y a las pruebas me remito, tal vez sea la experiencia vivida en ese mundo olvidado y muchas veces maltratado de la emigración legal española, que tanto ayudó a levantar muchos paises entre ellos, Venezuela. Y fuimos muchos los españoles quienes estuvimos en primera línea, cientos de miles fueron gallegos que corrimos aquella arriesgada aventura, los años cincuenta en aquel entrañable y solidario país, ello nos obliga a una profunda reflexión de sinceridad, para contar objetivamente y alertar a los paisanos de los peligros que corre hoy España.
Es verdad que los tiempos son distintos, pero los sacrficios para sobrevivir en ese mundo de la emigración legal fueron, son y serán siempre los mismos, para quienes a ella acudimos legalmente para trabajar honestamente, respetando sus leyes y costumbres para con todo ello llegar a triunfar y poder trabajar honestamente, respetando sus leyes y  costumbres, para con todo ello llegar a triunfar y poder acceder a un mundo nuevo y mejor, que nos permitió ayudar a nuestras familias y nuestro país, ambos atrás habíamos dejado pero no olvidamos jamás. Así ayudamos a construir la sociedad civil y la calse media  en Venezuela y fuimos arrastrados sin querer queriendo, por los placeres de la opulencia que los políticos irresponsablemente nos vendieron para distraer y destruir lo más preciado de una sociedad y sucedió permitiendo la entrada masiva de indocumentados, camuflándolos como emigrantes legales, manejados y financiados por mafias y ONGs de tapadillo. Los que en cinco años infectaron todo el país de ranchos o chavolas y chiringuitos ilegales, apareciendo delitos aberrantes y desconocidos, ligados todos a las drogas, prostitución, buhonería descontrolada y juegos de envite y azar, con una protección gubernamental y política asombrosa y cómplice metiendo en su saco de camuflaje obsceno a todos los emigrantes legales, ya integrados y con sus respectivas familias y muchos con hijos allí nacidos, paralelamente fueron abandonando y corrompiendo a sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, apareciendo aquel desesperante sálvese quien pueda, que fue el grito del miedo y el espanto que aparecieron de repente y marcarían el nacimiento de las dos Venezuelas, las que Hugo chávez patentó, utilizó y enfrentó descaradamente para instalar su robo-lución de miseria y Maduro quiere perpetuar y exportar a España, contando con muchos cómplices y lacayos hoy aquí. ¿Lo tolerarán los españoles? Amanecerá y veremos amigo, con permiso de mi apreciado Arcadi Espada.
Ya no hay excusa que valga para dudar de sus desgraciadas intenciones. Hoy ya sentimos en nuestros cogotes y hombros todos estos síntomas opresores, disgregadores y conflictivos que los comunistas y sus compañeros de viaje, los separatistas nos ofrecen y venden como el remedio mas eficaz para una felicidad obscena y de miseria, con tarjeta de racionamiento al estilo cubano. Todos sus odios y resentimientos, los sacan a relucir nuevamente  para secuestrar y seducir a nuestro progreso en libertad, el que hipócritamente disfrutan e intentan de nuevo destruir. No escarmentaron.
Cualquier comparación, con la deriva que vive España hoy, en manos de esta banda frankenstein, para algunos es un atrevimiento fascista y no dudarán en tildarme de alarmista, xenófobo, machista y otras lindezas de su vocabulario comunista, pero sus andanzas y extravíos peligrosos no pasarán, son como la tos y el dinero, muy difíciles de ocultar. Los españoles tenemos que decidir hoy entre las dos Españas, libertad o comunismo, y no hay medias tintas. Como decía Manuel Fraga, Q.D.P.: No cometamos el error que Caracas cometió y que unos forajidos comunistas intentan conengaños y comprando conciencias extraviadas trasladar aquí "el que avisa no es traidor". Pónganle ustedes el calificativo adecuado. La España de trabajo y conciencia nacional, no merece este martirio. Ayudémosla a salir  de este trance.