El investigador, alumno de la Escuela de Ingeniería Industrial, colabora en el proyecto de su diseño desde hace siete meses en una universidad alemana

Un vigués trabaja en el nuevo corazón artificial del futuro

Alejandro Santos.
El estudiante de la Universidade de Vigo Alejandro Santos está colaborando en la actualidad en el diseño del conocido como el corazón artificial del futuro con los objetivos de lograr mayor autonomía y portabilidad. El joven vigués, que ha invertido en este proyecto siete meses de arduo trabajo en una universidad alemana, acaba de presentar los resultados de una investigación mediante la que ha logrado reducir más del 26 por ciento el peso del prototipo de dispositivo, abriendo nuevas esperanzas y oportunidades a muchos pacientes para los que un corazón artificial es la única forma de conseguir una segunda oportunidad de seguir viviendo.
Santos, vigués alumno de la Escuela de Ingeniería Industrial, estuvo el pasado curso en la RWTH Aache University de Alemania trabajando en esta iniciativa, con la que ha logrado un sobresaliente en el proyecto de fin de carrera. El trabajo forma parte de una colaboración de la Universidade de Vigo con la RWTH Aachen University, institución responsable, junto con otras entidades germanas, de la creación del nuevo corazón artificial que reducirá el tamaño de los actuales dispositivos, mejorando y aumentando sus prestaciones. En la actualidad, ya se están construyendo prototipos de corazones artificiales y realizando validaciones, tanto en banco de pruebas como a través de estudios de campo con animales vivos, si bien los primeros eran todavía demasiado pesados para su implantación en personas. En ese sentido, los resultados alcanzados en la investigación del vigués han logrado reducir, por el momento, el peso del prototipo de corazón artificial, quedando en un peso de 459,88 gramos, lo que supone más de un tercio menos. La optimización del diseño final está ya disponible para próximos prototipos de prueba y, según el investigador, el nuevo corazón podría empezar a producirse en serie en un plazo de dos o tres años.

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