Atlántico

VIGO

Vigo también estuvo pendiente del televisor el 20 de julio de 1969

La llegada del hombre a la Luna cumple 50 años el próximo sábado y ocho vigueses compartieron el recuerdo de esa noche

La portada de “La Región”, el 21 de julio de 1969 recogió la llegada del hombre a la luna.
La portada de “La Región”, el 21 de julio de 1969 recogió la llegada del hombre a la luna.
Vigo también estuvo pendiente del televisor el 20 de julio de 1969

  “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Una de las frases más celebres de la historia de la humanidad cumple 50 años. Fue el mensaje que lanzó el astronauta Neil Armstrong al convertirse en el primer hombre en pisar la Luna, hazaña de la que el próximo sábado, el 20 de julio, hará medio siglo. El reloj marcaba las 3,56 horas de la madrugada en España, junto a Edwin E. Aldrin, alunizó con el módulo “Águila” del “Apollo 11”. Era 1969 y el Celta acababa su temporada en Primera División, tras haber ascendido el año anterior; el alcalde Portanet y el ministro de Turismo, Manuel Fraga, inauguraron el hotel Samil, coincidiendo con la colocación de la primera piedra del hotel Bahía. Tal y como recoge Eduardo Galovart en el blog “Vigopedia”, la ciudad seguía su crecimiento, en ese año se abre Hispanidad y se asfalta la prolongación de Venezuela hasta Taboada Leal, se aprueba la demolición del cine Odeón, que albergó las oficinas del Banco Central, ahora una tienda de modas y el grupo Álvarez inaugura la fábrica Moahsa, en Coruxo. Con respecto a España, fue el año en que Salomé ganó Eurovisión con “Vivo cantando” y en las ondas triunfaba la radionovela “La saga de los porretas”. En este contexto, la gran mayoría de los vigueses formó parte de los seiscientos millones de espectadores que siguieron la primera retransmisión espacial de televisión. Entre ellos, ocho rostros conocidos del actual panorama local que compartieron con Atlántico los recuerdos de aquel día tan especial.
Marita Vázquez de la Cruz (Porriño, 1934), presidenta de Diálogos 90, trabajaba en el Concello desde 1958. Fue la primera mujer funcionaria de carrera con licenciatura universitaria en Vigo. “Estaba de vacaciones en Tui, en mi casa familiar, lo seguí por la televisión con los que nos reuníamos para ver el fútbol; en ese momento ya éramos conscientes de su importancia histórica, pero para mí supuso acabar con la parte misteriosa y romántica que siempre había tenido la Luna, fue como una violación de nuestros secretos”.
El empresario José Manuel Alvariño (Vigo, 1945) celebraba haber acabado la carrera universitaria y preparaba su boda, que sería medio año después. Se incorporó a su primer puesto de trabajo en la Banca, más tarde entraría en el negocio familiar, en los concesionarios de coches. Entre otros cargos, presidió la Confederación de Empresarios de Pontevedra y de Galicia. “Lo vi en casa con mis padres, de aquella vivíamos en la calle Pontevedra, estábamos ante la televisión con absoluto respeto porque sabíamos que era un hecho histórico, un avance para la humanidad”.
Con 15 años, Marora Martín-Caloto (Vigo, 1946), Hermana Mayor de la Cofradía del Cristo de la Victoria fue la testigo más joven consultada por este medio: “Lo vimos en familia, en casa, y con mucha emoción, en gran parte por mi padre que era ingeniero de la Armada y había estado estudiando en California, él nos transmitió la importancia de ese momento, lo vivimos con mucho interés”. Con cinco hermanos, Marora estudiaba en Cluny y se disponía a preparar el Preu por Ciencias para estudiar después Farmacia en Santiago. “La televisión en sí ya era una novedad, por lo poder ver cómo se llegaba a la luna era algo especial, parecía un cuento”.
Un año más, 16, tenía la periodista y escritora María Xosé Porteiro (Madrid, 1952) que también tiene muy presente esa velada. “Ya tenía edad para estar bastante informada; esa noche la pasé con mi padre y mi madre delante del televisor, estábamos muy emocionados, fue muy bonito”. Aunque tiene clara la imagen familiar, Porteiro no recuerda el impacto que supone, tuvo fuera, entre sus amigos. Hacía dos años que habían regresado de Cuba, finalizaba el bachillerato en el instituto femenino (Santo Tomé) y se planteaba su futuro universitario.
Otro periodista e integrante del gremio, Manuel Orío (Madrid, 1947) comenzaba sus prácticas en “El Pueblo Gallego”. Columnista y ex-director de Atlántico, el 20 de julio veraneaba, como sigue haciendo en la actualidad, en Baiona. Se preparaban para las fiestas del Carmen. Reconoce que saboreaba la despreocupación de la  juventud, sin grandes responsabilidades: “Nos juntamos en un bar, entonces allí no teníamos televisión; estuvimos de marcha hasta la hora en que Jesús Hermida comenzó a retransmitir; había los que creían en la teoría de la conspiración, pero entre mis amigos no nos plateamos que pudiese ser un timo, estábamos convencidos que era real; fue muy emocionante porque nos enfrentábamos a lo que sabíamos era un hito histórico como protagonistas, éramos conscientes de ser testigos de un suceso de gran repercusión, algo irrepetible; nos pareció deslumbrante, aunque la señal era muy deficiente”. 
Madre, intelectual y activista política en la clandestinidad. Así era en 1969 María Xosé Queizán (Vigo, 1939), escritora, catedrática y pionera del feminismo gallega. “Lo recuerdo perfectamente, siempre estuve muy interesada en los temas científicos y lo celebré con una gran alegría; me pareció un avance fundamental para la humanidad, la pena fue que no hubiera sido una mujer la que diese ese primer paso sobre la Luna”. Con la imagen clara en la memoria, considera que debió verla fotografía al día siguiente en la prensa porque mientras sus hijos fueron pequeños no quiso tener televisión en casa. Lo recuerda como una época feliz: “En fin de año no faltaba el humor al desearnos feliz ‘69”. Unos meses antes había logrado representar una obra de Sartre en el teatro García Barbón, “La putain respectueuse”, “lo hicimos con un negro de verdad, el único que había en Vigo y que trabajaba en Citroen, a nivel cultural fue un hito muy importante para Vigo”, puntualiza Queizán, que por entonces llevaba cinco años militando en la clandestinidad en la UPG: “Tenía un policía de la secreta que me seguía a todas partes, aunque tardé en darme cuenta; vivíamos en vilo, bajo sospecha”, un ambiente que no fue impedimento para celebrar la llegada del hombre a la Luna.
Compartía las calles con quien se convertiría en un humorista gallego de referencia, Moncho Borrajo (Baños de Molgas, 1949): “Estaba estudiando Arquitectura en Valencia y volví a Vigo de vacaciones, en casa de mis padres; creo que no me lo creí mucho, aún recordaba a la pobre perra Laika en el ‘Sputnik’ cada vez que miraba al cielo”. Recuerda que bromeaba con un grupo de amigos en una terraza de la Alameda si se trataría de una película montada por los americanos, “yo era muy incrédulo, veía la bandera muy tiesa”. Considera que aquella sociedad era muy diferente a la de ahora: “Todo era en blanco y negro, parecía algo imposible; era increíble a dónde habíamos llegado, para muchos fue un punto de esperanza”.
Al primer rector de la Universidade de Vigo (1989-1994) y actual Valedor do Cidadán, Luis Espada (Coruña, 1940), le cogió la llegada a la Luna en Inglaterra, preparando su segunda tesis doctoral en Químicas. “Lo seguimos con mucha expectación desde la televisión de la casa donde residía con otros estudiantes universitarios; nos quedamos toda la noche sin dormir; aunque la imagen era muy borrosa, fue muy especial”. En esta primera expedición los astronautas recogieron veinte kilos de rocas lunares, a las que Espada tuvo acceso en su facultad de Manchester: “Colocaron unos fragmentos en un microscopio y pudimos observarlos, generó mucha curiosidad”. Entonces las comunicaciones con el extranjero no eran fáciles, solo regresaba a casa por Navidad y en verano: “Mi padre me mandaba cartas con periódicos de Galicia para mantener el contacto con la situación del país, pero no me doy cuenta de ser consciente del impacto que tuvo aquí”. Siete años después, en 1976, Luis Espada llegó a Vigo para dirigir la Escuela Técnica de Industriales, que iniciaba sus clases con Picher en la alcaldía.n