Valadares también luce en Navidad

Villa Meira luce decorada, en esta ocasión con 10.000 luces led, y figuras como Papa Noel, acompañado por sus elfos. El evento despertó gran expectación en la parroquia.
photo_camera Villa Meira luce decorada, en esta ocasión con 10.000 luces led, y figuras como Papa Noel, acompañado por sus elfos. El evento despertó gran expectación en la parroquia.
Villa Meira enciende más de 10.000 luces led, costeadas por 3 casas

Valadares cumplió con una de las tradiciones navideñas de la parroquia, la iluminación de Villa Meira. La familia, con la abuela Pachi al frente, es una incondicional de estas fechas y de nuevo reunió a los vecinos para el encendido. Con la vista puesta en el cielo, la lluvia dio una tregua a las 20 horas.

Superó 10.000 luces led, 2.200 más que el año pasado para decorar también la fachada trasera, con lo que la vivienda se puede ver desde el Cunqueiro. “En septiembre nació mi tercer hijo, Matías, y las matronas, al saber que éramos los de la casa de las luces, nos pidieron que también iluminásemos el otro lado para alegrar un poco a los pacientes que pasan las fiestas en el hospital; como todo salió bien, es una manera de celebrarlo”, afirma Juan, que desde hace años es el artífice del evento estrella de Valadares.

Le llevó dos semanas montar las luces y decorar con figuras como el Cascanueces o el Jengi, petición especial de su hijo mayor. “En esta parroquia siempre se opina de todo y los vecinos preguntaban por los elfos de Papa Noel, así que este año compramos dos y los colocamos en el trineo”. Entusiasta de esta época, Juan trajo a casa de su mujer, Patricia, una tradición familiar que compartía con su padre. “Aquí tengo a dos aliadas maravillosas, mi suegra y la abuela, que con 80 años, es la que más tira y anima a que se coloquen las luces”.

A la parte bonita también la sigue la menos agradable, el gasto. El encendido hasta mediados de enero ronda los 500 euros, que se costea entre tres casas. “Somos amigos y ponemos un bote de 220 euros cada uno, si sobra algo tomamos una cerveza, si falta, ponemos más”. Así, Juan le quita importancia al dinero y se reservó un capricho personal, los fuegos artificiales. “En la fiesta donde esté yo siempre tiene que haber lucería”. El evento atrajo a vecinos de toda la parroquia entre los que se repartió chocolate caliente.

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