Atlántico

VIGO

Un tranvía luso se hace vigués

Instalado definitivamente en Coia una unidad similar a las que circularon por la ciudad hasta 1968 para recordar a los desaparecidos trenes eléctricos. Es visitable. El primer día, enorme expectación.

El tranvía, del mismo tipo que los vigueses y pintado como uno de ellos (destino Peniche), ya restaurado e instalado en Coia, como recuerdo de sus "hermanos".
El tranvía, del mismo tipo que los vigueses y pintado como uno de ellos (destino Peniche), ya restaurado e instalado en Coia, como recuerdo de sus "hermanos".
Un tranvía luso se hace vigués

Un viejo tranvía de origen portugués, similar en todo a los que recorrieron las calles de Vigo pero que no se conservaron, ha quedado instalado al principio de Coia, cerca de As Travesas, con un trozo de vía incluido, con motivo del cincuenta aniversario de su desaparición, que coincidió con la entrada en funcionamiento de los autobuses Vitrasa como nueva concesión del transporte urbano el 1 de julio de 1968. A finales de aquel mismo año se retiraron definitivamente. La unidad fue adquirida el pasado verano por Vitrasa y tras ser restaurada por la empresa y el Concello (era amarillo, y ha sido pintado como los vigueses, con la bandera local), se convierte en un elemento ornamental, incluyendo las visitas al interior. Ayer estaba ya abierto y despertó la curiosidad de la mayoría y la añoranza de muchos ante un transporte que fue el primero que articuló el área metropolitana, desde Chapela hasta el Miñor. Tras su desaparición, fueron demolidas las cocheras, que se encontraban a la entrada de lo que iba a ser Coia -de ahí viene parece ser el nombre popular de Travesas, por las vías que confluían en la plaza- y los tranvías fueron vandalizados durante años en Florida. Al final sólo quedó uno, adquirido por un coleccionista de Valencia. Hubo en el pasado intentos de comprarlo, pero no fructificaron.  El coche es gemelo de los que recorrieron las calles viguesas 54 años, desde 1914 hasta 1968. Fue comprado en Zaragoza por Vitrasa -paradójicamente, la empresa que jubiló a los tranvías- a un particular que cuenta con cien máquinas.  Los expertos coinciden en que se trata de una versión exacta de los que había en la ciudad con la cuerda para indicar las paradas, la entrada, los asientos y el rótulo de la parada en Peniche. Una parte de la memoria de la ciudad que se recupera donde había desaparecido.