Vigo

"Los que tenemos una casa somos los nuevos millonarios"

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"Los que tenemos una casa somos los nuevos millonarios"

Un vecino de Fragoselo, cavando en su finca.
photo_cameraUn vecino de Fragoselo, cavando en su finca.
Disponer de huerta y jardín hace más llevadero el confinamiento, aunque los mayores del rural sienten miedo por la situación

 El 'Vigo vaciado' es el nuevo privilegiado. Puede resultar una paradoja hablar del "Vigo vaciado" –a semejanza de la España vaciada– cuando nos estamos refiriendo a la mayor urbe de Galicia. Pero Vigo es así de contradictorio. Con 108 kilómetros cuadrados de extensión, cuenta con amplias zonas rurales distribuidas por sus parroquias donde aún se trabajan las fincas y el monte. Son parroquias con una importante población mayor donde estos días de confinamiento se sienten felices de estar ahí, pero que no esconden el temor por la situación que se está viviendo.
Son las tres de la tarde de un domingo primaveral y Antonio está comiendo con su familia en el exterior de su vivienda, al igual que han hecho los últimos fines de semana. El trabaja fuera de Vigo pero convive con su madre en la casa familiar de la parroquia de Sárdoma. Ella, que ya supera los 70 años, se entretiene durante la semana cultivando las fincas. Ya ha plantado las patatas y los tirabeques y ahora tendría que ser el tiempo de cultivar las lechugas, las cebollas, los tomates, los pimientos o las acelgas. "El problema es que ya no se celebra la feria de San Cosme para comprar los plantones. Como no tengas semillas en casa no puedes plantar", se lamentaba la mujer.

Hablar desde el camino
Él confirma que en estos días no cambiaría el rural vigués por nada. Sales a la finca, te aireas... No tienes la misma sensación que si estuvieras confinado en un piso. Y aunque siempre hubo mucha relación social, no hay el contacto de una ciudad. Los vecinos acuden a sus fincas por pasos particulares y ya antes, cuando se paraban a hablar, lo hacían desde el camino o desde el portal. Eso sí, tienen limitaciones. "El domingo no llega la furgoneta que trae el pan y hay que coger el coche para ir a Lavadores. Me paró un policía que no acaba de entender esta situación".
Por otra parte, reconoce que la gente mayor tiene miedo porque son población de riesgo. "Los que antes acudían al centro, ya no lo hacen. Tampoco tienen o no manejan internet, por lo que necesitan ir a la sucursal para retirar la pensión. Ahora, se lo encargan a alguna persona de confianza".
Dentro de las contradicciones que tiene Vigo está la convivencia de lo rural dentro del propio entorno urbano. Sara vive con su hija, de corta edad, en una casa de Teis, rodeada de edificios. Es artesana y compagina estos días su actividad con el campo. Ha ampliado la huerta que había creado en el terreno que tiene la vivienda y disfruta de la primavera recién estrenada.
"Ahora soy mucho más consciente de lo afortunadas que somos de tener un terrenito, aunque estemos en la ciudad. Es un oasis. No sentimos el encierro, aunque tenemos un poco la sensación del Día de la Marmota, porque cada día es igual que el anterior", explica.
Sara añade que su hija está viviendo el encierro de forma muy diferente gracias a la libertad que da tener este tipo de vivienda. "Ahora mismo, los que tenemos una casa con terrenos somos millonarios", concluye. 

ENCIERRO CON ACTIVIDAD

Los vecinos que habitan las parroquias de Vigo soportan el estado de alarma con más actividad que en la urbe, ya que siguen con sus labores agrícolas echando mano del tractor, como en este caso en la zona de Fragoselo.

RUTINA AL AIRE LIBRE

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La vida en el rural vigués transcurre "como el día de la marmota", según confiesan sus vecinos, con salidas pequeñas hasta el contenedor, como en este caso.

GANADO, LA COMPAÑÍA 

Mientras en la ciudad proliferan más que nunca los paseos de perros, los vecinos del rural están pendientes del ganado, que requiere cuidados.

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