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Peluqueras, de estilistas a ‘psicólogas’

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Peluqueras, de estilistas a ‘psicólogas’

Vigo parado por el coronavirus28
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Con los salones cerrados y sin poder atender a domicilio, las responsables de las peluquerías se centran en el bienestar de sus clientas manteniendo el contacto por teléfono para consultas o productos

La fidelidad siempre ha caracterizado algunos negocios, que en caso de las peluquerías y los salones de estética se hace más importante. El sector pasó de ser considerado de primera necesidad en el primer momentos estado de emergencia a estar obligado a cerrar. Sin embargo, las titulares de las peluquerías se mantienen en contacto constante con sus clientas.

“Tengo un listado con sus números y cada día las llamo para ver qué tal están, las tranquilizo si se ven canas y les doy algún consejo”. Así, Rosa María Moreda que forma parte de una saga de peluqueros de cuatro generaciones, no dudo en dejar su número de móvil en el escaparate de sus locales ahora cerrados. “No es por una cuestión económica, es amor y preocupación lo que siento, cuando a uno le gusta su trabajo, se involucra de verdad”.

En sus peluquerías trabajan 24 empleados que se han tenido que ir a casa. “Es imposible hacer nuestro trabajo sin un contacto directo con nuestros clientes, por eso hemos tenido que cerrar y cesar toda actividad; tenemos una clienta con movilidad reducida, a la que fuimos a atender una vez, cuando estaba permitido, pero ya nadie llama también por miedo”. Moreda tiene pedido un ERTE que aún no está aceptado.

En la misma situación se encuentran los centros más pequeños. De Cuatro es un salón de peluquería regentado por cuatro socias autónomas, Mariel Martínez, Mela Leiro, Vanessa Cabaleiro y Eva Leiro, que ocupan a seis chicas más. “Estamos cerrados desde el día 14 y tampoco hacemos servicios a domicilio, lo principal es la seguridad de las trabajadoras y no podemos garantizarlo de otra forma”, afirma Mariel, quien sin embargo tiene el teléfono de la peluquería desviado al de su casa. “Estamos confinadas pero también atendemos a nuestras clientas, si necesitan comentarnos algo o si quieren adquirir un producto, se lo pedimos a nuestra marca, que cuenta con mensajería y se le lleva a casa, tiene un coste a mayores para nosotras, pero es lo que podemos hacer en estas circunstancias”. También están a la espera del ERTE.

Para los establecimientos de menor tamaño no mejora el panorama. Montse Carballido lleva 30 años ejerciendo la peluquería en la zona centro, en el entorno de Venezuela, y desde hace 15 años tiene su propio negocio, Ninette Estilistas, donde trabaja como autónoma con una empleada. Ve razonable que se dejasen de considerar una actividad de primera necesidad: “Yo atiendo a una mujer de movilidad reducida y viene una vez cada dos meses a cortarse y arreglarse el pelo, porque el lavado ya se lo hace la persona que la cuida, los primeros días recibía llamadas porque había gente que pensaba que estábamos abiertos, ahora ya no se le ocurre a nadie”. 
Considera su situación muy complicada. 

“Llevo desde el día 13 sin facturar, pero la propietaria del local quiere cobrar el alquiler igual, yo vivo al día y la ayuda del Gobierno consiste en un crédito a devolver en diez años, eso a mí no me soluciona nada”, advierte Montse Carballido.n