El padre Carlos ya ofreció el edificio hace más de dos meses

Dependencias de la Casa do Pescador, que hasta ahora funcionaba como albergue religioso.
El alcalde reconoció ayer su buena fortuna tras completarse la cesión del albergue al señalar que las cincuenta camas con las que cuenta la Casa del Pescador “superan con mucho el mejor de los escenarios que nos planteamos” ya que el resto de ubicaciones planteadas durante el pasado mandato y el comienzo de este no superaban en ningún caso las 35 plazas.
Los 600 metros cuadrados del nuevo albergue municipal están repartidos entre un semisótano, una planta baja y una primera planta e incluso la zona bajo cubierta se usa, como tendedero.
Tras aceptar las condiciones impuestas por los religiosos de que se conservasen los crucifijos en las paredes de las habitaciones –para recordar su origen– y se mantenga la capilla para uso de la Diócesis, se establezca un servicio de comedor y se conserven los seis puestos de trabajo, ahora se iniciará el proceso administrativo para elegir a una ong o empresa que gestione unas instalaciones que ya eran propiedad del Concello pero que han sido devueltas antes de que expirase el plazo de la concesión, en septiembre de 2012.
“En Vigo sí había albergue, no público, no del Concello, pero sí de la iglesia que no costó nada en 34 años a la administración local porque lo mantuvieron los católicos de la Diócesis”, quiso remarcar el padre Carlos, que ofreció al Concello las instalaciones el 1 de octubre y que ayer vio como su propuesta se materializaba con la cesión definitiva. El religioso, visiblemente emocionado durante todo el acto, recibió por parte de la Fundación Valeriola una metopa para agradecerle el trabajo desempeñado en los últimos diez años en la Casa del Pescador, construida en los años 30. “Queda mucho por hacer pero seguro que lo harán bien”, deseó el padre Carlos, que aprovechó para agradecer al alcalde que finalmente hubiese aceptado su ofrecimiento.

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