Un kiosko de Vigo se convierte en centro de ayuda a necesitados

Lola, en el interior de su kiosco, donde además se recoge ropa, calzado, juguetes o alimentos.
photo_camera Lola, en el interior de su kiosco, donde además se recoge ropa, calzado, juguetes o alimentos.
El establecimiento es el centro neurálgico de una red de barrio para ayudar a personas con todo tipo de dificultades

Hace 19 años que Lola abrió su kiosco. Situado en la actualidad en el número 12 de la calle Valle Inclán, este comercio no solo vende prensa o chuches, sino que es un  centro neurálgico de ayuda para quien necesita que alguien le eche una mano. “Yo viví circunstancias muy difíciles en mi vida y pensé que nadie debería pasar por lo mismo”, explica. Así es como se implicó de forma activa en algo tan sencillo como contribuir para que “tú estés bien, porque si tú lo estás yo también lo estoy”. 

Desde entonces, su kiosco, que cuenta con un almacén, acoge ropa, comida, juguetes… todo lo que la gente quiera donar y se reparte “entre quienes vienen con dificultades”. Ella y otros tres compañeros  se unieron en colectivo y le pusieron el nombre de Á Marxe  “pero no somos ni siquiera una organización porque no queremos subvenciones, ni dinero”. Lola considera que “la pobreza se ha convertido en un negocio y nosotros huimos de todo eso” al tiempo que lamenta que “hay una solidaridad mal entendida que solo sirve para lavar conciencias”.

Poco a poco, con el boca a boca, cada vez ayudan a más personas con problemas de todo tipo, “también mujeres víctimas de violencia de género".   Su local  cuenta con un pequeño mercadillo “ponemos ropa, libros y bisutería a la venta a precios mínimos y el dinero se mete en un bote para comprar lo que se requiera”.  De hecho, a ese bote van también las vueltas que algún cliente rechaza cuando adquiere un periódico.  “Son céntimos que suman”, dice. Esa red de ayuda permitió recientemente dar alimentos frescos a una familia con menores, gracias al apoyo de a Xoniña, otro colectivo.

Ahora, su objetivo es poder contar con más personas implicadas, “psicólogos, abogados… profesionales que quieran apoyarnos para dar una respuesta más amplia e integral”.  ”Aquí no se hacen preguntas ni se juzga a nadie", apostilla Lola.

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