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La crisis sanitaria aumenta los usuarios de comedores sociales

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La crisis sanitaria aumenta los usuarios de comedores sociales

Las tiendas de Frutas Nieves recogen productos destinados a los comedores sociales de Vigo.
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Los centros de la Esperanza y la Misión del Silencio reparten 350 comidas diarias en Vigo

Los efectos de la pandemia mundial de coronavirus se están dejando notar en todas las capas sociales y, de manera muy especial, en las más desfavorecidas. El confinamiento masivo de la población y el cierre de espacios de reunión como bares y restaurantes ha obligado a los dos comedores sociales de Vigo, el de la Esperanza y el de la Misión del Silencio, a cerrar sus puertas, pero no a suspender su labor. De hecho, la demanda de este servicio, que ahora se lleva a cabo con un reparto a domicilio, se ha incrementado desde que el Gobierno decretó el estado de alarma.
De las trescientas personas que acudían diariamente a los centros situados en O Berbés y Urzáiz, se ha pasado a 350 y la manera de distribuir los menús se ha tenido que modificar también.
"El número ha aumentado en cincuenta porque muchas personas se buscaban la vida, entre comillas, durante el año y en estos momentos están totamente desamparadas. Y es en ellas en las que debemos focalizar nuestro trabajo. En este momento, todo el esfuerzo que hacemos está puesto en esa labor", explica el delegado episcopal de Acción Caritativa y Social, Javier Alonso Docampo, que detalla que el perfil de los usuarios de los comedores es "por un lado, personas en hogares precarios y gente en riesgo de exclusión; por otro, transeúntes o gente que vivía en la calle; y, por último, personas que se mantenían con trabajos en negro".
Estos últimos forman el grueso de los nuevos demandantes de los comedores sociales y Alonso Docampo reconoce que sufren especialmente el confinamiento: "Yo creo que también hay un problema psicológico, que agudiza más esa sensación de que algo raro está pasando y que no lo entienden. Si llevas mucho tiempo viviendo en una sensación de libertad, sin horarios, andando por donde quieres, sin obligaciones, y de repente te obligan a someterte a un horario y a establecer un espacio, para ellos es muy duro".
No obstante, el delegado episcopal considera que la crisis producida por al Covid-19 "nos está dando la oportunidad de abrir, simbólicamente, las ventanas y las puertas de nuestros hogares y ver que estamos llamados a realizar un trabajo en común y que todos construimos sociedad. Creo que estamos aprendiendo una gran lección". 

"Hemos cambiado el hábito por el delantal", afirma Javier Alonso

Los comedores sociales de Vigo han tenido que cambiar radicalmente su funcionamiento tras el decreto del estado de alarma. Los voluntarios que acudían a repartir las comidas ya no acuden a los centros, que permanecen cerrados, y ahora son los propios religiosos quienes se encargan de ordenar las raciones que preparan las cocineras."Hemos diseñado un planning de voluntariado y podemos decir que hemos cambiado el hábito por el delantal porque nos pasamos unas horas aquí por turnos y haciendo el servicio de empaquetar, hacer las bolsas y tener todo dispuesto a las 12:00 para que pueda llegar a los hogares en ese horario de doce a tres", indica Javier Alonso Docampo, que destaca que los voluntarios "somos sacerdotes, religiosos jóvenes, que no están en edad de riesgo". 

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