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VIGO

El crimen de Ana Enjamio, historia de una obsesión

Comienza el juicio del año: César A. llega al banquillo acusado a asesinar a su expareja, acuchillada de 28 puñaladas en su portal 
El acusado el día que pasó a disposición judicial.
El acusado el día que pasó a disposición judicial.
El crimen de Ana Enjamio, historia de una obsesión

 Ana Enjamio tenía 25 años cuando fue asesinada en el portal de su vivienda en la avenida de Madrid el 16 de diciembre de 2016. Aquella noche, la joven ingeniera natural de la localidad coruñesa de Boqueixón, había acudido a la cena de Navidad de la empresa de Porriño en la que trabajaba. Ya no pudo volver a su casa, en el portal del edificio fue abordada y apuñalada hasta en 28 ocasiones, doce de ellas en el corazón, que fue atravesado seis veces.

El brutal crimen llevó a la detención e ingreso en prisión provisional del que fuera su pareja sentimental y jefe, César A., a quien la Policía señaló desde el inicio como principal sospechoso y para quien la Fiscalía pide 27 años de cárcel, menos que la acusación popular ejercida por la Xunta que eleva a 33 la pena de prisión.
Tres años después del crimen, el último atribuido a un acto de  violencia machista ocurrido en la ciudad, la sección quinta de la Audiencia se prepara para el juicio.  Un tribunal popular será el encargado de dirimir el futuro del único acusado, durante casi una semana  de sesiones.
El trágico final de la joven  fue el resultado de un “plan de hostigamiento” ideado por el presunto asesino y que se prolongó durante seis meses. Lo afirma la Fiscalía que acusa a su expareja de asesinato con alevosía y ensañamiento además de acoso y le añade las agravantes de parentesco y género, así como una indemnización para la familia de 450.000 euros por los daños morales.
El relato de los hechos que sostienen tal acusación se remontarían dos años atrás, unos meses antes de comenzar a trabajar en la misma empresa del ahora acusado. A partir de ese momento, comenzaría una relación de pareja entre ambos que les llevó a vivir juntos desde febrero de 2016 hasta julio de ese mismo año, momento en el que César A. abandonó la vivienda.
Para el ministerio público, lo que ocurrió a partir de ese momento seguiría el trágico patrón de un maltratador incapaz de asumir la ruptura, con la insistencia para conseguir retomar la relación y evitar que ella volviera con su antiguo novio, “llegando a obsesionarse completamente” con la joven, confesando a algunos amigos que había roto su familia por estar con con ella por lo que si no estaba con él no estaría con nadie, sostiene la acusación pública.
Dentro de ese supuesto “plan de hostigamiento”, la Fiscalía atribuye al investigado una serie de hechos que demostrarían el control ejercido sobre la víctima, como seguirla o hacerse con su móvil para enviar fotografías juntos a un amigo de ambos e incluso instalarle una aplicación con la que podía conecer los contactos que ella mantenía por teléfono y enviarle mensajes, vía whatsapp o SMS, ocultando la procedencia de los mismos.n