Marcha solidaria

La carrera contra la leucemia echa el cierre en Vigo después de 15 años

El momento de la salida desde la plaza del centro comercial Vialia de Vigo.
photo_camera El momento de la salida desde la plaza del centro comercial Vialia de Vigo.

Cerca de 800 personas cubrieron ayer la distancia entre Vigo y Pontevedra andando, corriendo o en los 34 triciclos de Discamino

Cerca de 800 personas participaron ayer en la Marcha Solidaria “700 camisetas contra la leucemia” que trata de concienciar todos los años sobre las donaciones de médula ósea para que estos enfermos “tengan una oportunidad de vida” y que recorre los 35 kilómetros que van de Vigo a Pontevedra. El grupo más numeroso salió caminando pasadas las nueve y media de la mañana, mientras que en la segunda tanda iban los corredores que compiten en esta prueba y los miembros de Discamino, que ayer llevaban 34 bicicletas adaptadas, cada uno con su pareja de voluntario y persona con discapacidad.

 

 

Era la décimo quinta edición de la marcha y fue también la última, porque su fundador, David Gil, cierra este capítulo, eso sí con la sensación del deber cumplido y abierto a otras iniciativas de concienciación. “Ya transmitimos nuestro mensaje, que es regalar vida en vida", decía ayer.

La muerte de su hermano Francisco en 2009, al no aparecer ningún donante compatible de médula ósea ni en la familia ni fuera de ella, le había llevado aquel año a realizar un recorrido a pie por toda Galicia para entregar 700 camisetas a las personas que se inscribiesen en el registro de donantes. Fue solo, aunque sus padres viajaban en el coche de avituallamiento para darle apoyo. Así nació este colectivo, Frangil, que mantuvo todos estos años la marcha solidaria. Desde 2009 hasta hoy se produjo un salto importante, aunque todavía insuficiente, al pasar de los 60.000 donantes de entonces hasta los 490.000 que hay en la actualidad.

 

 

La madre de David Gil, Maricarmen Porteiro, lo acompaña siempre. “Hicimos lo que pudimos. Pasamos por procesos muy malos, mi hijo que murió con 38 años por una leucemia linfoblástica aguda (estos días cumpliría 57) y mi marido al que le detectaron una leucemia crónica poco después del confinamiento de la pandemia. Desde fuera no se sabe lo que es eso, pero cuanto te toca en casa la enfermedad te agarras a un clavo ardiendo para salvar a tu ser querido o a otras personas”.

Una de las participantes de ayer era Montse Fernández, que en 2022 había recibido la visita de la asociación Frangil cuando estaba ingresada en el hospital de Lugo por un trasplante de páncreas que no funcionó (ahora espera un trasplante de páncreas y riñón). “Me pusieron la capa de superhéroe y me hice gigante”. Ayer fue con Discamino.

A la izquierda, Antonio y su hijo Adrián. A la derecha, Gerardo con Pitillas.
A la izquierda, Antonio y su hijo Adrián. A la derecha, Gerardo con Pitillas.

Tampoco se perdió la cita Javier Pitillas, el alma máter de Discamino, con su compañero Gerardo, al que define como “una persona velcro, porque se te cruzan en la vida y te quedas enganchado para siempre”. Este colectivo, que puso a hacer deporte a decenas de discapacitados, también nació hace 15 años y si tuvieran más triciclos (cada uno cuesta 8.500 euros) sacarían a más personas. Gerardo es sordociego, le falla el equilibrio y tiene envejecimiento prematuro. Su madre, que había tenido rubeola en el embarazado, considera a Pitillas como un hijo más porque le entrena desde hace 30 años, mucho antes de Discamino. Antonio es un voluntario que entró porque vio que era una oportunidad para su hijo Adrián, de 12 años, y ahora no se pierden una.

Te puede interesar