‘Ahora vivo en los aviones’

Elena Espinosa, el lunes pasado en la avenida García Barbón de Vigo. Asegura que continúa haciendo vida en la ciudad, pese a sus limitaciones. FOTO: J.V. Landín
Elena Espinosa no le gustan mucho las entrevistas, ni antes cuando presidía la Autoridad Portuaria (1988-1996) ni ahora que es superministra, así que se pueden contar con una mano las que ha concedido durante los últimos cinco años. Y eso que su situación ha dado un vuelco: ahora maneja el ministerio situado en primera posición en el ránking de la Administración del Estado por gestionar, además del medio ambiente, la industria agroalimentaria. Espinosa, esta semana en Vigo, donde tiene su domicilio, quiere hacer algo por la ciudad: dunas en Samil y un paseo en A Guía.
Elena Espinosa Mangana (Ourense, 1960) es licenciada en Económicas por la Universidad de Santiago. Fue presidenta del Puerto hasta 1996, año en con la llegada del PP fue cesada. Pasó al Instituto de Medicina Técnica (Medtec) para a continuación trabajar en el astillero Rodman, de donde fue llamada para convertirse en ministra de Agricultura y Pesca al coincidir en ella varias circunstancias: mujer, gallega y especialista en el mar. Hasta ese momento no conocía a Rodríguez Zapatero, pero ahora goza de su plena confianza. También es diputada en el Congreso, pero por Ourense, pese a que mantiene su domicilio en Vigo, donde está censada y vota. Desde abril es ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.
—¿Se siente ahora una superministra? ¿Cómo se ve en esta nueva responsabilidad?
—Me gustaría centrar el concepto de lo que es el nuevo ministerio. A veces hablamos del desarrollo sostenible, pero lo decimos como mera expresión. Este nuevo ministerio es una apuesta del presidente del Gobierno por el desarrollo sostenible, que seamos capaz de que haya un crecimiento hoy y en las generaciones futuras. De ahí la integración de las políticas de medio ambiente y las que tenía en el anterior ministerio. A nivel personal es un reto muy importante que espero no defraude a quienes pusieron ilusión en este nuevo proyecto político. Pero es cierto que resulta de una gran complejidad.
—Eso como mínimo. Políticamente, porque Medio Ambiente tiene un gran peso político. Así se percibe al menos.
—El Ministerio de Economía tiene un criterio de clasificación de los ministerios por su capacidad económica, no sólo por las obras, sino también por la influencia en otros sectores. Si se mide así, somos el primer ministerio, por esa clasificación que no incluye sólo inversiones, sino también las acciones que tomas. Es agricultura, pesca y todas la industria agroalimentaria, que es ahora el primer sector industrial de España.
—Con tantos frentes, debe ser para volverse loco.
—(Se ríe) Para volverse loco no, pero para trabajar mucho más sí, desde luego.
—Así que la suya debe ser una especie de vida de monje: dedicación absoluta 24 horas al día, siete a la semana.
—Sí, sí. No tienes posibilidad de librar un sábado o un domingo, porque en mi caso concreto, el viernes por la mañana tenemos Consejo de Ministros; jueves, comisión delegada del Gobierno para asuntos económicos; miércoles, Congreso; martes por la tarde, Senado. Súmale comparecencias y votaciones. A esto hay que añadir once consejos de ministros en Europa de agricultura y pesca más cuatro consejos de medio ambiente y las reuniones internacionales. Si quieres estar un poco próximo a la realidad, no te queda más remedio que trabajar los fines de semana.
—Y eso quema.
—(Sonríe). Bueno, creo que tienes que dar de ti todo lo que tienes. También es cierto que sabes que es una etapa en tu vida, porque yo creo que si fueran todos los años así, el organismo no lo aguantaría.
—Usted es diputada por Ourense, vive en Madrid...
—En realidad no, ¡ahora vivo en los aviones!
—¿...le queda algo de viguesa?
—Sí claro, mucho. Yo sigo manteniendo mi domicilio aquí, sigo censada en Vigo e intento compaginar las dos ciudades durante el fin de semana. El sábado pasado estuve en Verín y a media tarde me vine para Vigo.
—Un fin de semana cualquiera en Vigo, ¿qué hace usted?
—Intento hacer la vida normal que hacía antes, aunque es cierto que te condicionan las propias medidas de seguridad. Por ejemplo, suelo ir a comprar donde iba antes (de ser ministra).
—¿Sin problemas?
—La gente me mira con cara extraña, se cuestionan si soy yo o no, y nada más. También es verdad que salgo mucho menos, no porque no quiera hacerlo, sino porque tienes que estar anticipándote al trabajo que tienes por la semana. Fue lo que hice durante este domingo en Vigo, hasta que me fui a cenar con unos amigos.
—¿Se acostumbra uno a estar todo el día acompañado de agentes de seguridad?
—No es complejo. Al principio te parece muy extraño, te condiciona muchísimo, pero con el paso del tiempo lo ves con una cierta normalidad. También hay que decirlo que son ellos los que se tratan de adaptar.
—Antes usted ocupaba un ministerio de perfil más técnico, ahora, en cambio, está al frente de una cartera de indudable peso político. ¿Se siente más política ahora?
—Siempre es una combinación de una parte técnica. El otro ministerio tenía gran peso técnico pero también político, porque una decisión no va separada de la otra. En este caso, lo mismo, porque si estás desarrollando una política de agua, tiene un componente técnico, pero todo depende de la apuesta política: desde volver a la época de los trasvases, como quería el PP, o buscar otras actuaciones que encajan más en el desarrollo sostenible.
—¿Está la política en Madrid tan convulsa como se percibe desde Galicia?
—Estamos atravesando una época de crisis, y en una época así es difícil una situación de tranquilidad, porque no tenemos una oposición responsable que aúne fuerzas y ayude a este país a salir de la situación. Esto te llena a una crispación mayor de la que tenía que haber, y eso se palpa más en Madrid. Es mucho más fuerte en Madrid.
—¿Le gustaría hacer política en Galicia?
—No me lo he cuestionado en absoluto. Espero servir a los ciudadanos donde estoy y a partir de ahí veo el día a día.
—Usted fue presidenta del Puerto de Vigo durante ocho años. ¿Sigue su actualidad?
—Cuando me fui rompí totalmente y no quise saber nada, por cuestiones de salud mental. Salvo en algún tema muy puntual que me llamaron para preguntarme de un expediente, un par de ocasiones. Creo que no es bueno cuando te vas de un sitio seguir pensando qué se podría hacer o que no. Otro tema es que cuando pasa un tiempo prudencial leas una información como otras que te interesan de la ciudad.
—Entonces ya tiene distancia como para no implicarse.
—Sí, lo que no significa que a nivel personal no siga teniendo muy buena relación con la gente con que trabajé ocho años.
—Hace unos días, usted aseguró que recuperaría las dunas de Samil. ¿De verdad es posible?
—Sí, y me gustaría que la gente se acercase a algún otro sitio donde se están recuperando las dunas, no muy lejos de Vigo. En Costas tenemos tres actuaciones importantes en Vigo. Una, el monte de la Guía, otra en Bouzas, para conectar el actual paseo hasta el Museo del Mar, dándole valor a actuaciones pequeñas que se realizaron durante la pasada legislatura, y el proyecto más ambicioso, la playa de Samil. Es en cierta medida complejo, porque con el paso del tiempo todo el mundo sabe que cuando se coloca una barrera artificial en una playa, opera eliminado arena, que se deposita en otros lados. Queremos recuperar el arenal de Samil, la parte de las dunas, y no sólo levantar el muro, sino todo el paseo marítimo. Eso supone retranquear todo lo que tenemos actualmente, y para ello el vial actual quedará más reducido, sólo para acceso y servicios de la playa. Así podemos recuperar el arenal y las dunas, llevándonos todo mucho más hacia atrás.
—¿De cuántos años estamos hablando?
—El tiempo lo marcarán el estudio técnico y el pliego de condiciones. No será una obra fácil, pero no tendrá tanta complejidad técnica.
—Entonces, ¿lo veremos?
—Sí, sí, por supuesto.
—¿Vigo, y Galicia, seguirán viviendo de la pesca en el futuro o tendremos que olvidarnos?
—Vigo tiene que seguir siendo el referente de la pesca a nivel europeo, y también otras zonas de Galicia. ¿Qué hay que hacer? Tenemos que caminar más rápido, como se hizo a través de la historia. Primero comenzamos con el salazón, después pasamos a la conserva y más tarde a los congelados. Hay que seguir incorporando valor añadido a los productos de la pesca, que te lo vendan el fresco fileteado, o como un plato preparado, siendo fresco, no congelado. Tenemos que seguir mejorando la comercialización. Sin olvidarnos sin investigación y desarrollo en el campo del propio barco, para poder reducir los costes lo máximo posible.

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