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1918, una ciudad desbordada por la “epidemia de gripe”

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1918, una ciudad desbordada por la “epidemia de gripe”

Anuncio de 1918 de un vino contra la epidemia de gripe.
photo_camera Anuncio de 1918 de un vino contra la epidemia de gripe.
El director del Laboratorio recomendaba cerrar colegios y el alcalde creaba una Junta de Sanidad para tomar decisiones

nnn Puede llegar a sorprender consultar periódicos de 1918 y ver como las autoridades recomendaban entonces lavarse bien las manos, desinfectar o mantener distancias. Explica Xoán Carlos Abad en su obra “E o outono tinguiuse de loito. A gripe de 1918 nas terras de Vigo” que “la epidemia de gripe de 1918 comenzó a manifestarse en la comarca viguesa a finales del mes de septiembre” y asegura que fue “la mayor catástrofe natural que sucedió en esta comarca a lo largo de todo el siglo XX”.
Calcula el presidente del Instituto de Estudios Vigueses que hasta la segunda semana de diciembre, que se da por terminado el brote infeccioso, podrían haber sido unas 5.800 personas las infectadas en una población de 50.000 habitantes, así como 657 defunciones en lo que hoy es el Concello de Vigo, incluido Bouzas y Lavadores, entre septiembre y diciembre de 1918.
Tal y como recoge, cuando aún no habían llegado los contagios a la ciudad, en el mes de mayo el director del Laboratorio Municipal, Manuel Fernández Casas, avisa del riesgo en una carta al alcalde, Francisco Lago. Propone tomar “medidas profilácticas” avisando de que se trata de una enfermedad “que es muy grande su contagio, contribuyendo poderosamente su difusión en los puntos donde hay reunión de muchas personas”, explica. Así que pide la clausura de las escuelas y colegios, adelantando las vacaciones de verano y “practicar con frecuencia la desinfección de cafés, cines y teatros abiertos al público”. La primera reunión de la Junta de Sanidad local se produce al día siguiente, viernes 31 de mayo.
A mediados de octubre las informaciones en los periódicos locales sobre la gripe, “la epidemia” la denominan, ya ocupan las portadas, en una ciudad volcada con suscripciones populares, empresarios que ofrecen sus coches para trasladar a los médicos y todo tipo de ayudas. El 20 de octubre se celebra una misa en la Colegiata, en un Vigo con los espectáculos públicos suspendidos, por orden de la Junta de Sanidad, presidida por el regidor, que también reclama a la empresa de tranvías que no consienta aglomeraciones y ante la proximidad del Día de Difuntos pide a los vigueses que escalonen las visitas.
El ejército por su parte recoge leche para los enfermos y Cruz Roja anuncia que necesita camilleros para ambulancias. Se levantan hospitales de campaña, como uno en Cabral a finales de octubre, una parroquia especialmente afectada, según las crónicas. 
“Los médicos locales estaban completamente imposibilitados de hacer frente a todas las visitas a las que eran requeridos, especialmente las de las clases más humildes”, explica Xoán Carlos Abad. “Fue tal la situación en la que se encontraban los médicos de la beneficencia que muchos pacientes, incluso de familias humildes, tuvieron que solicitar la asistencia de muchos de los médicos privados locales”, precisa.
Los periódicos relatan que ya son tantos los muertos que por ejemplo en barrios de Lavadores los curas entierran a dos o tres personas al mismo tiempo y destacan la aparición de casos en familias numerosas de escasísimos recursos. La gripe se cebó con las más humildes. En Bouzas se organizó un partido benéfico entre Rápido y Español para los enfermos pobres.
 Pasaba todo esto en una ciudad que vivía pendiente de los encuentros entre el Fortuna y el Vigo, donde cada día se veían los anuncios de la fábrica de Chocolates Viso en Urzaiz 22, del comercio de moda “El Louvre” y de las compañías consignatarias con salida de barcos a La Habana o Chile. Compartían página con la firma del armisticio de la Gran Guerra a principios de noviembre de 1918. En Vigo se convocó una manifestación para celebrar la paz y los organizadores pidieron al alcalde que enviara a la Banda municipal. Partieron del Paseo de Alfonso tras una pancarta que pone “Viva la Paz”. 
La situación mejoraba y a mediados de noviembre en el Tamberlick se estrenó “Don Juan Tenorio” y en el teatro Odeón se pudo ver al Circo Parish. La ciudad va recuperando poco a poco su actividad a lo largo de 1919 y 1920, pero el paso de la conocida como “gripe española” por Vigo “fue tal que sus improntas quedaron presentes en el imaginario popular por mucho tiempo”, señala Xoán Carlos Abad.

Bando de A Cañiza con instrucciones.

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