Val Miñor

Baiona era referente de la talasoterapia a finales del XIX

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Baiona era referente de la talasoterapia a finales del XIX

Trabajadores recogiendo algas en A Concheira con "clamoeiros".
photo_cameraTrabajadores recogiendo algas en A Concheira con "clamoeiros".
Durante más de cinco décadas la villa estuvo en boca de clases influyentes por las propiedades curativas de sus aguas.
nnn La abundancia de algas en los arenales de Baiona le otorgaron a sus aguas yodadas facultades curativas que provocaron que varios empresarios acabasen poniendo el ojo en la villa para construir allí un balneario. Lo cierto es que durante años el municipio atrajo a un gran número de visitantes, en su gran mayoría de clase alta, que buscaban aquí un remedio natural a sus dolencias, o simplemente acudían a la villa con sus familias para disfrutar de una de las primeras cunas del territorio nacional en cuanto a talasoterapia se refiere, sumado al atractivo de sus paisajes y su historia.
Las propiedades curativas del yodo proporcionaron a Baiona un prestigio que no tardo en extenderse como la pólvora manteniéndose presente durante más de medio siglo. El lugar elegido fue a Concheira, probablemente al tratarse de un emplazamiento en donde el mar golpea con fuerza las rocas que custodian en inicio de la península de Monte Boi. Su concentración de algas, los niveles de oxígeno del agua y su cercanía con el casco urbano fueron motivos más que suficientes para ubicar aquí el complejo medicinal.
Si hay que fijar una fecha para marcar el inicio que en pocos años trasladó  al municipio a la boca de las clases más influyentes esta fue junio de 1892, momento en el que el baionés Manuel González Durán eligió este emplazamiento  para establecer un quiosco octogonal de 14 metros cuadrados en donde se despachaban bebidas diversas, concretamente en la inexistente "plazueleta de Combés". Dos meses después el cirujano Ignacio Cordero presentó en el pleno de la corporación una solicitud para construir un sistema de casetas "para el buen servicio e higiene de los bañistas", al mismo tiempo que el vecino de A Ramallosa Ángel Montes pidió una autorización para ubicar en A Concheira un balneario de agua salada. La de Montes no fue adelante quedando fuera del proyecto, sin embargo dieron el visto bueno a la presentada por el galeno que se asoció a su vez con Agapito Ordoñez. Así pues el proyecto original de Cordero se complementó con las instalaciones de talasoterapia. 
El regidor que por aquel entonces gobernaba autorizó la instalación de 20 casetas que fueron dotadas de un  balneario permanente de madera cuya construcción ya estaba rematada en junio de 1893, aunque no fue hasta octubre de ese año cuando la reina regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena, dio luz verde a la iniciativa aunque tal y como indicó el historiador miñorano Anxo Lemos a este diario, "llegó tarde". Lemos llevó a cabo un trabajo de recopilación documental para ilustrar todo lo referente a las instalaciones sumada a una colección fotográfica privada. Según relató, durante las décadas siguientes "la villa contaba con una gran afluencia de familias pudientes que copaban la localidad entre junio y octubre, además de los que acudían en septiembre para darse baños fríos que chocaban con las clases humildes que se aprovechaban de los gratuitos". Así pues el trasiego de personas motivado por la actividad del balneario, que se podría catalogar como turismo medicinal, promovió la construcción de chalets y hoteles en la zona para dar cabida al aumento estacional de la población.   
Las instalaciones se fueron deteriorando con el paso del tiempo hasta que en la década de 1970 se clausuraron. Todo el glamour vivido aquí durante ocho décadas quedó a un lado para dar paso a la apertura de un taller de bicicletas hasta que el 15 de octubre de 1983, el por aquel entonces alcalde, Benigno Rodríguez Quintas, ordenó su demolición. Poco se sabe acerca de la decadencia del balneario porque en palabras del historiador local "el turismo siempre se mantuvo al alza", aunque uno de los detonantes que pudo haber marcado el inicio del fin fue la Guerra Civil de 1936. Conjeturas aparte, Lemos adelantó que se están llevando a cabo investigaciones al respecto . n

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