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La locura está en la calle

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La locura está en la calle

La policía intercepta a un anciano con andador por el medio de la carretera y piquiátrico de Conxo.
photo_cameraLa policía intercepta a un anciano con andador por el medio de la carretera y piquiátrico de Conxo.

La sección "A un metro" es cambiante, como los latigazos de la pandemia del puñetero coronavirus que ha trastocado los planes de la especie humana. Te desplazas desde A Coruña hasta el psiquiátrico de Conxo y a la vuelta te encuentras con que basta con asomarse a la ventana para conseguir la foto principal que ilustra este reportaje. Sigamos con el relato cronológico.  
El tráfico en la AP-9 ha bajado de revoluciones, como también habrán podido comprobar los coches camuflados de la Guardia Civil de Tráfico que patrullan para espantarle a los listillos la tentación de saltarse las normas del estado de alarma. A estas alturas de la pandemia, también el estado del que se ve obligado a salir de casa para trabajar roza la hipocondría. 
En el peaje de Sigüeiro se encienden las señales por riesgo de contagio. El lector de tarjetas responde al intento con "error". La vuelta en monedas del billete de diez euros introducido para apoquinar el rejonazo de 6,90 euros por circular 70 kilómetros es una sospecha biológica. Dan ganas de abandonarlas en el cajetín, pero en tiempos de pandemia no se sabe qué puede ocurrir. Con un guante se guardan en un estuche plástico para desinfectarlas más tarde con el gel hidroalcohólico que anteayer se volvió a vender en las farmacias. 
Audasa podría tener un detalle en esta situación de crisis y levantar las barreras de los peajes de la AP-9, los más caros de España. Apoyaría a camioneros y currantes que siguen en ruta para que el resto del personal continúe confinado en sus casas, además de evitar la propagación vírica por las monedas cuando el fallo es de la tarjeta o del lector. Pero Audasa es "coronavírica" y seguirá silbando si la Administración no interviene. Sería un acto de justicia social. 
En el guión estaba conocer cómo afrontan esta situación los internos y el personal sanitario del psiquiátrico de Conxo, un centro enraizado en el imaginario popular y no siempre con buena opinión del manicomio, como se le llamaba. Inaugurado en 1885 en la parte conventual de un monasterio, en los archivos se conservan fotografías antiguas en las que aparecen internos tirados por el patio. La comparación con el presente demuestra que se ha avanzado a la hora de tratar las patologías de la mente. 
Hace una década el periodista había realizado un extenso reportaje recorriendo las dependencias de la institución. Conxo contaba con un equipo de fútbol formado por pacientes que se empeñaron en llamar "Los tornillos", frente al criterio del director, y participaban en una competición local. Algunos trabajaban en la fabricación de antenas para la empresa de equipos de telecomunicaciones Televés, ubicada en los aledaños del psiquiátrico. Y entre los internos  había dos jesucristos y un espíritu santo, que se encargaba de la cocina. Muchos de los pacientes salían incluso a comer a los garitos cercanos, pero la soledad que hoy se aprecia en la plaza aventura que no va a ser igual. 
En la portería envían al periodista a secretaría. Con una silla franqueando el paso a la estancia, una mujer se desmarca indicando que todo eso lo lleva prensa del clínico. Voladura controlada en tiempos nerviosos.  

VIGILANTE DE SEGURIDAD
A los segundos  aparece un vigilante de seguridad para acompañar la visita inesperada a la salida. De una sala sale un hombre vestido con bata que recomienda hablar con el director, pero el vigilante se empeña en zanjar la molestia sin rodeos. Sólo lo entiende con una orden: "Anda, vete a avisarlo como te están diciendo". El segurata se sorprende cuando el doctor Páramo reconoce a la primera al periodista. Indica con la mano que la breve conversación se celebrará desde una distancia de unos cinco metros. "Sólo te puedo decir que los internos están mucho mejor que la población general que está fuera". Y para más saber, está prensa del clínico. Papeleo, cruce de llamada, hoy no, mañana quizá. No es el espíritu de la serie, pero el doctor Páramo ya se está girando y el vigilante se acerca más de lo que recomienda Sanidad para indicar la salida.
En el momento que regresas a casa y te asomas a la ventana para lamentar que se te ha caído el reportaje, aparece un anciano con andador cruzando por el medio de la carretera. Al menos lleva mascarilla. Un coche de la policía local lo intercepta y el agente lo reconduce con amabilidad hasta la acera. En la radio dicen que un paciente con síntomas del COVID-19 se ha escapado del Chuac. La locura está en la calle. 
 

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