Cinco de los hijos de Ramón Iglesias relataron los malos tratos del parricida de Coristanco

El acusado de matar a su mujer vejó a la familia durante años

Cinco de los hijos de Ramón Iglesias González, de 78 años, que está siendo juzgado por matar a su ex mujer en agosto del pasado año, declararon ayer en el juicio que se sigue contra él en A Coruña que sometió a la familia a malos tratos físicos y psíquicos durante décadas. La vista oral con jurado popular que se sigue contra Iglesias González continuó ayer en la sección primera de la Audiencia de A Coruña con la declaración de algunos de los hijos del imputado, al que le sobreviven ocho de los once que tuvo con la víctima, que ejercen la acusación particular contra su progenitor.
Iglesias González está siendo juzgado por matar el 7 de mayo a 2009 a su ex mujer, Ubaldina Pazos, con la que convivía en la misma vivienda en Coristanco (A Coruña) a pesar de que llevaban muchos años divorciados. El imputado declaró el pasado martes que mató a su ex mujer, que contaba 74 años, con una herramienta agrícola de cabezal de hierro pero precisó que lo hizo en legítima defensa al ser atacado por la víctima con un 'cuchillo jamonero'.

El fiscal solicita una pena de 17 años de prisión, mientras que cinco de los hijos elevan la petición de pena a 25 años de cárcel, por las agravantes de alevosía y ensañamiento, y los tres restantes reducen la condena solicitada a 19 años. Finalmente, la Abogacía del Estado reclama una pena de 15 años y 6 meses de prisión.

El fiscal considera probado que el imputado mató a su ex mujer el 7 de agosto del año pasado en la vivienda familiar ubicada en O Carrizal. Además, el fiscal, al igual que los letrados que ejercen las acusaciones particulares, recordó que Ramón Iglesias cumplió una pena de nueve años de prisión en Francia, país al que emigró en la década de los años 70, por agredir sexualmente a cuatro de sus hijas.

Las declaraciones de algunas de las hijas se produjeron entre lágrimas y evitando mirar a su padre, aunque el fiscal y los abogados prefirieron no preguntarles por el delito comentido en el país vecino.

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