Una excedencia hiperactiva

Vanessa Muíños pasó por Atlántico en mitad de su periodo vital entregado al grappling y al jiu jitsu.
photo_camera Vanessa Muíños pasó por Atlántico en mitad de su periodo vital entregado al grappling y al jiu jitsu.

Vanessa Muíños apura los dos años que se tomó para "dar lo mejor de mí" compitiendo, mientras enseña y arbitra

Vanessa Muíños lleva la lucha al extremo. La ejerce en el tapiz pero la exporta a su vida. Los mismos valores, el mismo esfuerzo. La misma habilidad, con suerte. Y el mismo dinamismo. La búsqueda de la felicidad a través de la mejoría constante y, algunas veces, de la victoria. En su boca, los términos grappling o jiu jitsu, modalidades que practica, arbitra y enseña, suenan hasta bien, hasta naturales. En la actualidad, ha apostado, sana y vitalmente, por ser deportista. Dos años. Se ha ido uno, el segundo promete.

 

 

Para la ponteareana de adopción -viguesa de nacimiento-, el deporte es familiar. Y, entre los de contacto, le tentó la lucha por la parte de suelo. Clubes como el Independiente o el San Ignacio y compañías como la de Sara Vieitez curtieron a la competidora. La persona, mientras, también se decantaba por la sanidad en lo profesional. Y llegó la pandemia. “Estuve trabajando en el hospital y me saturé mucho. No lo pasé muy bien…”, cuenta, coartando la emoción. “Intenté buscar más soluciones. Trabajé en Decathlon y me ayudaban a ir a los campeonatos más importantes. Pero necesitaba entrenar más. Decidí tomarme dos años, de los que ya pasó uno porque el tiempo pasa muy rápido, para dar todo lo mejor de mí”, relata. Un paréntesis para seguir luchando.

En Santiago -"porque en el sur de Galicia no hay tanto nivel como en el norte"-  ha encontrado “un entrenador y un equipo con el que estoy muy cómoda. Quiero explotar este tiempo para entrenar lo máximo posible y sacar los mejores resultados”. Pero la decisión inicial no basta para salvar todos los obstáculos. Hay que perseverar, luchar. “Al principio de esta fase, me frustré un poco porque puse toda la carne en el asador y mis primeras competiciones no me fueron nada bien. Porque antes competía sin presión. Estoy en manos de una psicóloga deportiva, Rocío Pomares, y me ayudó muchísimo. Un 80% es lo que tenemos en la cabeza, la actitud”, razona.

Porque centrar dos años de tu vida en tu pasión precisa de valentía.  “Ahora, la presión me la genero yo misma. Inviertes en esto, pides una excedencia, la familia no te da un ‘feed back’ bueno porque cree que no debes dejar el trabajo por esto… Yo me apoyo mucho en mi pareja, que es la que me apoya”, enumera. Claro que, cuando los resultados llegan, saben mejor. “Al principio fueron todo baches pero ahora, después de un año, lo agradezco un montón porque es cuando empiezas a ver la progresión. Siempre va a haber momentos de obstáculos pero superarlos te permite ver tus logros. Es parte del camino y ese proceso cuesta”, sentencia la luchadora.

Una inquieta profesora que empatiza con sus alumnos

Muiños sólo tiene función multitarea. Porque sus dos años de excedencia son todo lo contrario a dos años sábaticos. Compite, con los Nacionales de Portugal y de España y, posteriormente, el Europeo, en la mente. Pero, al mismo tiempo, se dedica a su club Atenea Grappling -con sede en el gimnasio wudang de Ponteareas- y ejerce de árbitra a nivel nacional en grappling y jiu jitsu.

Cómo fundó su club es toda una lección de perseverancia y de lucha. Porque hizo un primer intento con un compañero de entrenamientos y con local en O Porriño. Pero el proyecto no se mantuvo en el tiempo y Vanessa se agarró entonces al Plan Corresponsables de la Xunta de Galicia, al que se adhirió la Federación Gallega. “Me apetecía dar clases a niños, pero no tenía local. Lo que hice fue hablar con el Concello de Ponteareas y di clases el verano en el instituto. Continué porque cuando acabó el plan, uno de los chicos habló con el dueño del gimnasio en Ponteareas y éste me llamó. Yo ya no pensaba seguir pero eso me motivó porque un grupo de chicos quería seguir con el deporte. Tuve empatía porque eso lo viví yo, el tener que desplazarme a Vigo para entrenar. Me dije: vamos a apostar. Y muy bien”, reseña. Pero no se para ahí: “Hablé con varios profesores de educación física en Ponteareas y esta semana vamos a empezar a acudir a sus clases para que se vea un poco el deporte, porque es nuevo y la gente no lo conoce. Aunque está creciendo mucho con la UFC y la MMA”. 

Y, si hace falta, arbitra. “Empecé a interesarme para conocer bien las reglas. Muchos entrenadores no las conocen. Y, además, me permite no pagar inscripción si compito en ese mismo torneo”, desvela.

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