Ana Pérez García-Picher: “Empecé a correr porque la piscina son muchas horas”

Ana Pérez en el set de AtlánticoTV.
photo_camera Ana Pérez en el set de AtlánticoTV.

“Renuncié al Estatal porque tengo que priorizar y la natación no va a dar ningún futuro”, asegura la nadadora y atleta popular

Ana Pérez García-Picher (Vigo, 26 años) es una de las nadadoras habituales en las pruebas de aguas abiertas de Galicia en la última década y en 2023 terminó segunda en la general del Circuíto Galego. En las últimas semanas, se pasó al atletismo popular y lo hizo con podio en la Vigo Contra el Cáncer. “Me pincharon un poco y empecé”, admite. Hasta el momento, con cautela porque “tengo miedo a lesionarme”. Su actividad principal es la natación y este curso recala en el Náutico de Vigo tras las últimas campañas en el Galaico.

 

 

¿Por qué decidió ahora probar en el atletismo?

Porque tanto mis compañeros de trabajo como los usuarios del gimnasio Máis que Auga en el que trabajo me picaron un poco y me animaron a empezar a correr. Y, segundo, para cambiar algo de aires porque la piscina son muchas horas, con un ambiente bastante cerrado y muchas baldosas. Así tengo otro ambiente y el añadido de conocer gente nueva. 

¿Y cómo se está adaptando?

Me están gustando los entrenamientos porque, de primeras, no es únicamente salir y rodar media hora o 40 minutos. Hay diferentes entrenamientos y es algo que no conozco. Con motivo de entrenar en natación, también esto hizo que me guste hacer series o entrenar ‘farleck’. Además, también me sale la vena competitiva de la natación en la carrera. Lo que sí tengo es cierto medio a las lesiones porque la natación es en el agua, que es un medio ingrávido, y todo lo que sea tener impacto no estoy acostumbrada. Tengo miedo de si no entreno lo suficiente, terminar con una lesión. Por eso, todavía voy un poco a medio gas y no hago muchas carreras. Hasta el momento, intento no ir al 100% en alguna carrera por el miedo de no llegar o de pagarlo mucho. Sí es cierto que, entrenando, sí que me he picado con algún compañero que corre y al día siguiente, casi no puedo andar. Y ahí sí que es cuando me doy cuenta de que igual no puedo calentarme tanto en un entrenamiento de series como una persona que lleva más tiempo. Igual puedo ir a su ritmo, pero después estoy varios días casi sin moverme.

Sí tiene mucha experiencia en natación. 

Mis padres ya me metieron de bebé y comencé a competir a los 12 años, más o menos. Poco a poco, he ido consiguiendo cosas. Las pruebas de aguas abiertas me gustan mucho porque es cambiar el medio y prefiero las de mar que las que son en río o lago, porque juega mucho la experiencia y la orientación. Me gusta por el tema de las olas, la corriente y el viento. 

¿Cómo se organiza?

Estoy fluyendo mucho, voy bastante día a día. Hace un mes, cambié de club, del Galaico al Náutico de Vigo. Busco disfrutar en cada entreno y en las competiciones que vengan. Hace poco hice el Gallego de larga distancia y quedé tercera absoluta. Me dio la clasificación para el Campeonato de España, pero preferí no ir por cuestiones de trabajo o estudios. Al final, voy cumpliendo años y tengo que priorizar cosas. El próximo objetivo cercano es el Gallego de natación a finales de diciembre. Entrenaré para ello. El entreno para un Estatal en categoría absoluta ya requiere muchas horas y tengo que priorizar otras coas antes porque la natación no me va a dar ningún futuro. Hay que escoger y deseo disfrutar y, si vienen premios, mucho mejor.

Igual hace cinco años, no dejaba pasar una cita así. 

Es posible, pero es cierto que, con los años, he aprendido a entrenar mejor y tengo mejores resultados. No sé si es algo a nivel mental porque afronto mejor las competiciones y rindo más. Además, lo disfruto de otra forma. Hace unos años, si me salía mal una competición, era un desastre, me desmotivaba y ya no quería nadar más. Ahora, me lo tomo de otra forma. Me planteo más que pude disfrutar de los entrenamientos, de estar con gente, del ambiente, del trabajo con el entrenador. Lo veo de otra forma y, para la cabeza, me favorece. Eso sí, sigo siendo exigente, me gusta que me salga bien. No obstante, si sale mal, puedo centrarme más en lo positivo que en lo negativo. 

Habitualmente está en los podios de las citas de aguas abiertas. Y a nosotros nos llama mucho la atención los tumultos que se forman. 

La verdad es que sí y las salidas de las travesías de aguas abiertas es algo que no me gusta nada. Me agobio un montón por el hecho de que haya tanta gente, de que te puedan dar un golpe o hundir. Desde fuera no se ve nada, pero hay de todo. La gente se suele echar vaselina para evitar los roces con el neopreno y así. Y, además, se la ponen en los tobillos y en los pies, por si te agarran para que resbale y se manche. Hay gente que lo hace y no es algo que me guste. Prefiero ganar, o que alguien gane, por lo legal, siendo limpio. Y que conste que mi salida es muy mala porque me cuesta mucho arrancar. Soy diésel y me quedo bastante atrás. Después, al entrar en calor, sí que me voy encontrando mejor y adelanto gente. Aunque este año, igual por la experiencia, sí que mejoré un poco esta faceta. También se dio que en 2023, en el Circuito Galego, bajó el número de participantes y espero que, poco a poco, se recupere porque es una pena. Las travesías están muy bien organizadas, son seguras, hay premios y el ambiente es bueno. 

¿Cómo es su día a día?

Entreno por las mañanas temprano. En función de si tengo piscina o gimnasio, voy al club. En el Náutico son tres días y, a las 11:30 salgo del agua, me cambio y me voy a la biblioteca del club o a casa a estudiar. Estoy con una formación del Método Montessori, que es sobre educación infantil, lo que yo estudié. Después, en función del horario, entró a las 15:00 o a las 16:00 de monitora de natación. Tengo niños desde los 6 meses hasta gente de 50 o 60 años. Es algo que me gusta mucho. Con los pequeños trabajo mucho lo que estudié en la carrera. Después, con los adultos, me convierto más en una entrenadora. Tengo que bajar el nivel de exigencia porque no son profesionales, pero sí que le pido mucho en técnica. Busco que naden bien y que también lo disfruten. Y siempre les pregunto porque, cada semana, me paso un buen tiempo pensando en esos entrenamientos de la gente adulta para que se les haga ameno. Ya que van a la piscina, que hagan deporte, queden satisfechos y también lo disfruten.

Y los niños aprenden más rápido. 

Sí, sí, porque los adultos tienen sus manías y también una percepción corporal. Una o dos veces al mes intento meterme con ellos en el agua y me paso la case por debajo moviendole el brazo o indicando como lo hacen. Por mucho que corrijas fuera del agua, es muy difícil cambiar lo que vienen haciendo durante años. Lo pienso en mí y me cuesta hacerlo. A ellos, incluso más. 

Y, al terminar, es cuando llega el momento de correr. 

Justo a las 21:00 es cuando entrena el grupo de ‘running’. En función del día, me uno a ellos, pero hay otros que digo: no puedo más. Hay sesiones en las que después de 5.000 metros de natación, estudiar y trabajar, ya no puedo más. Hay otros que me llaman la princesita porque si llueve ya le digo: me quedo en la cinta media horita y me voy para casa… Y entonces, me llaman así, la princesita. Vengo de un medio acuático, pero mojarme corriendo, como que no. En la primera carrera que hice, la Vigo Contra el Cáncer, me desperté y diluviaba. Y le mandé un mensaje al entrenador preguntado si se corría. Y sí, sí, me dijo que sí.

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