Atlántico

Reyes, siempre deprisa y cerca de su Sevilla

Su vida siempre estuvo marcada por la precocidad, la gloria efímera y la permanente necesidad de pisar su amada Utrera o, como muy lejos, su amada Sevilla.

El futbolista José Antonio Reyes celebra un gol con el club de sus amores, el Sevilla.
El futbolista José Antonio Reyes celebra un gol con el club de sus amores, el Sevilla.
Reyes, siempre deprisa y cerca de su Sevilla

La precocidad en debutar con 16 años en el Sevilla, en ser el más joven en marcar en Primera División o ganar la Premier inglesa. En disfrutar de demasiado dinero demasiado pronto, gastando demasiado en coches demasiado veloces. Afirmaba esta semana un formador de pilotos: "Estos futbolistas no tienen ni idea de conducir y compran juguetes que no saben dominar".
Se fue demasiado pronto, en un terrible accidente que no debió suceder. Llevándose a su primo Jonathan y dejando a otro, Juan Manuel, con terribles secuelas. No hay que insistir en ello, pero la imprudencia es un hecho. Y no fue la primera, ni sería la última si hubiese sobrevivido.

Un talento inmenso en el césped. Pero sólo a ratos. "Le ví hacer cosas que sólo podría repetir Messi", declaró el técnico Joaquín Caparrós, de los pocos que pudo exprimir algo su jugo. Luis Aragonés lo intentó en la selección. "¡Vea las cosas con más claridad! ¡Dígale a ese negro (Henry) que usted es mejor!", le repitió en una memorable ocasión, ante su sonrisa.
Ni así. No ambicionó la gloria y sólo mostró tantos destellos como desplantes a técnicos y aficionados. Pululó por varios clubes tan dispares como el Arsenal o el Xinjiang Tianshan chino. En esas latitudes se sintió marciano y siempre permaneció en su cabeza el regreso a su tierra. Con su gente -un numeroso séquito familiar- en su feria y con sus juguetes, una amplia coleción de coches de gran cilindrada.
Utrera era su sitio y el Sevilla su club. Ni más ni menos. Allí nació y allí exhaló el último suspiro.