Atlántico

TENIS WIMBLEDON

Exhibición súbita

Djokovic se llevó una final colosal por su precisión en los tiebreaks

Djokovic mostró un exquisito respeto por Federer tras ganar la final.
Djokovic mostró un exquisito respeto por Federer tras ganar la final.
Exhibición súbita

La final que protagonizaron ayer Novak Djokovic y Roger Federer en el All England Club pasa directamente a los libros de historia del tenis. Un nivel de juego descomunal, alternativas, emoción y tiempo. Mucho tiempo. Casi cinco horas estuvieron sobre la pista el serbio y el suizo, para regocijo de un público que, a buen seguro, estaría otras cinco más. Djokovic levantó su quinto trofeo en la hierba londinense tras sobrevivir a dos bolas de partido y estrenar el nuevo desempate del quinto set en Gran Slam -un tie break al llegar al 12-12 en la manga definitiva-. 
Los amantes de las ficticias clasificaciones históricas no pueden negar ya que Djokovic está entre los mejores de siempre. El puesto que lo diga cada cual. Pero hay que ser un superdotado para contener al mejor Roger Federer en su jardín. El suizo rozó la perfección, tanto técnica como física. Sumó más puntos, más golpes ganadores, más primeros servicios y más roturas de servicio que su rival. Y aun así cayó. Perdió porque el balcánico demostró una vez más que en los momentos clave, esos en los que a mucho se les encoge el brazo, él se siente como en el sofá de su casa. Así fue con 8-7 y 15-40 a favor del helvético, que no pudo rematar la faena.
Fue el ejemplo perfecto de la facilidad de Djokovic para los instantes decisivos. Ganó sus tres sets en sendos tie-breaks, desconectó en el segundo cuando vio que no tenía opciones y mostró una sangre gélida que le permitió batir a un Federer excelso.
Todo ello en un partido repleto de golpes mágicos, con poquísimos errores no forzados y un olor a épica a cada paso. El helvético se levantó por dos veces a las ventajas que tomó el serbio con sus victorias en el primero y en el tercero, y protagonizó un quinto memorable.
Por desgracia, en deporte solo puede ganar uno. Y fue Djokovic. El mismo que se ha impuesto en cuatro de los últimos cinco Gran Slam -la tierra de París es coto vedado de Rafa Nadal-. Una bestia competitiva que alcanza la friolera de 75 títulos y 16 grandes con este triunfo, a solo dos del manacorí y cuatro del suizo. Un Federer que demostró, a sus 37 años, que con su formidable talento todo es posible. Y si mantiene el espléndido tono físico mostrado en Londres, mucho más. Prometió guerra y la dará. Ojalá fuera para siempre. n